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Aclaraciones sobre mi análisis crítico del libro “El Otro Sendero” de Hernando de Soto

El día 1 de junio del 2016 di una conferencia de análisis crítico de la conocida obra el-otro-sendero-hernando-de-soto-11508-MLA20045498465_022014-FEl Otro Sendero de Hernando de Soto (en coautoría con Mario Ghibellini y Enrique Ghersi) en la Facultad de Ciencias Administrativas de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. He aquí el video: https://www.youtube.com/watch?v=xS8SVjsqbb8. Al compartirlo en mi página recibí un comentario crítico por parte de un seguidor venezolano el cual suscitaba varias cuestiones que considero relevante responder y aclarar. Paso a ello citando frase por frase (entre comillas y en cursiva) el comentario introduciendo a continuación mis respuestas:

1) “Una cuestión, Dante: tú criticas la visión de Hernando de Soto por ser un poco sesgada, ¿pero cuando hablas de simplemente una mera subsistencia en las decisiones de los informales no estarías sesgado? El mejor medio para alcanzar los fines depende de cierta movilidad en su capacidad de elección y ahí me parece que De Soto lo expone bien”: Aquí he de decir que más bien lo que me parece sesgado es el juicio que se hace sobre mi exposición: ¿acaso he dicho que la lógica subyacente a la informalidad en el Perú es meramente de subsistencia? No. Cito mis propias palabras en la conferencia: “La lógica que se ve en la informalidad es más una lógica de subsistencia que una lógica de emprendimiento y acumulación”. También digo: “Veo más en los informales una necesidad de ingeniárselas para subsistir”. La cláusula “es más” o “veo más” claramente implica que considero a la “lógica de subsistencia” como la principal y fundamental detrás de la informalidad pero a la vez excluye que la esté considerando como única. ¿Y de dónde sale la idea de considerar a la “lógica de subsistencia” como la principal? No de un sesgo ideológico sino de la observación y conocimiento de la realidad. Por ejemplo, en Lima, capital del Perú y precisamente la ciudad en que se centra De Soto en su estudio, la informalidad comenzó a proliferar a partir de las décadas de los sesenta y los setenta, como ya era reportado por el destacado antropólogo José Matos Mar en su libro Desborde Popular y Crisis del Estado (1). ¿Sucedió ello porque mágicamente en esos años los pobres se volvieron más emprendedores? No, sucedió básicamente porque vinieron muchísimas personas de provincia a buscar oportunidades laborales en la capital y, al no poder ser empleadas en un todavía incipiente mercado de trabajo formal, tuvieron que ingeniárselas para sobrevivir. Así que la falta de oportunidades tiene que ver más con las limitaciones reales del mercado de trabajo que con cuestiones de formalidad, normas o papeleos y ahí me parece que De Soto lo expone mal.

2) “Creo que tu visión y la de él, si bien dicen cosas distintas, llegan a un punto central que es el del sistema, el mismo que aparta y limita a los informales. Lo sano sería facilitarles las entradas y eso solo es posible con regulaciones inteligentes que no entorpezcan el mercado. Pongo un ejemplo: en Nueva Zelanda se necesita medio día para formalizar un negocio”: No creo que sea exacto decir que De Soto y yo llegamos a un mismo punto respecto del sistema: el aboga por más neoliberalismo y yo lo contrario. Para De Soto los informales son apartados por un mero asunto de formalidades y burocracia y la solución, no solo de la informalidad sino incluso del subdesarrollo (2), pasa por “un cambio de instituciones legales” (3) para facilitar el libre funcionamiento del mercado capitalista. Yo, en cambio, hallo importantes mecanismos de exclusión en ese mercado que De Soto concibe como eminentemente incluyente y los he explicitado en mi libro Economía para Herejes (4). De todos modos, estoy de acuerdo con que es muy necesario en los países de Latinoamérica el reducir las trabas burocráticas para constituir una empresa. Pero ello sin plantear que la ley tenga que reducirse meramente a facilitar la operación del libre mercado pues también debe observar y salvaguardar aspectos que van más allá de ello como la sanidad, la justicia social y el medio ambiente.

3) “Me parece que la historia sudamericana es la de la presencia del Estado absoluto y este ha demostrado ser problemático, con altos costos de transacción, inconsistencia temporal, discrecionalidad, burocracia y corrupción”: ¿Hemos tenido un Estado absoluto en Latinoamérica? No, Latinoamérica en general y a nivel histórico está muy lejos de la “racionalización burocrática” que temía Weber (5). En sus amplias y muy pobres zonas rurales y también en las periferias de sus ciudades se observa más una ausencia del Estado que una excesiva presencia del mismo. ¿O acaso se ve una agobiante presencia estatal en las favelas de Brasil o en los pueblitos de la sierra de Perú? (de hecho, si el grupo terrorista Sendero Luminoso pudo extenderse y consolidarse tanto en la sierra peruana fue gracias a la ausencia del Estado en esa región). El Estado en Latinoamérica ha sido y aún es ineficiente, burocrático y corrupto (eso no solo no lo he negado sino que lo he dicho varias veces con mucho énfasis), pero de ningún modo es “absoluto”. Entiendo perfectamente que un comentarista venezolano en su actual coyuntura tienda a tener esa percepción, pero hay que señalar que la realidad actual e histórica de los demás países de Latinoamérica es bastante distinta y en la misma Venezuela la agobiante presencia del Estado no es algo de larga data (antes más bien ha habido abandono) sino relativamente reciente con los regímenes personalistas y autoritarios (no tengo el más mínimo reparo en calificarlos así) de Hugo Chávez y Nicolás Maduro.

4) “¿Qué piensas del enfoque de economía del derecho expuesto por Enrique Ghersi? Él habla de que el derecho tiene costo por un tema de tiempo. Lo sano sería reducir el costo de tiempo con unos derechos que fomentan lo que Acemolgu y Robinson llamaron instituciones inclusivas y no extractivas”: El enfoque de Ghersi me parece bastante interesante siempre y cuando no se pierda de vista que la labor fundamental del derecho no es meramente facilitar las cosas al mercado sino salvaguardar la justicia en todo ámbito de la vida social (incluida la economía). De que se deba ir hacia instituciones inclusivas en vez de extractivas (6) también estoy muy de acuerdo siempre y cuando no se siga que la única forma de instituciones inclusivas son las que facilitan las cosas al mercado, como es que sostiene Hernando de Soto.

5) “Termino con un último enfoque y me gustaría tu opinión: el de Elinor Ostrom. Ella demuestra que podemos ponernos de acuerdo en problemas comunes vía autorregulación voluntaria. Yo veo un problema económico pero a la vez veo un problema que está ligado a la movilidad social. Ahí entraría una estructura comunitaria basada en la cooperación de los comunes, las personas del mercado tienen algo en común, que están dispuestas al intercambio, pero para eso debe haber movilidad social y esta debe ser de costo mínimo, hay que reducir el costo del tiempo e información. Solo veo una solución: reducir la burocracia sin sentido y darle espacio a los comunes”: Interesante lo que se menciona sobre los (bienes) comunes y Elinor Ostrom, pero aún más interesante es notar que en ese punto Ostrom, primera (y hasta el presente única) mujer en ganar el Premio Nobel de Economía, antes que coincidir, ¡discrepa del enfoque de Hernando de Soto! En efecto, De Soto plantea que la solución al problema de gestión de recursos en zonas como la Amazonía peruana pasa por la privatización individual(ista) de estos. Esto lo puede comprobar cualquiera viendo su documental “El Misterio del Capital de los Indígenas Amazónicos” (7). En cambio, Ostrom aboga justamente por el modelo que es vapuleado por De Soto en el citado documental: la propiedad comunitaria. En una entrevista, ante la pregunta “¿Estaríamos en lo cierto si afirmáramos que, dicho en términos generales, usted ha descubierto que la posesión común puede ser más eficaz que lo que la gente pensó que podría serlo?”, ella respondo: “¡Así es! No es que sea una panacea, pero es mucho más eficaz que lo que nuestros razonamientos comunes nos dan a entender” (8). Ahora, respecto de la necesidad de “reducir la burocracia innecesaria”… ¡por supuesto que coincido en ello! Que discrepe de la visión, a mi juicio, reduccionista y maniquea de De Soto no implica que yo diga “¡Que vivan las trabas burocráticas, hay que aumentarlas!” o cosas por el estilo. Más bien en la conferencia he dicho con claridad “Estoy de acuerdo en que tiene que haber simplificación burocrática” y hasta puse decidido énfasis en que se haga efectivo el “principio de simplificación administrativa” de la Ley 27444 o del Procedimiento Administrativo General de Perú.

6) “Me parece que el potencial que expone De Soto se pierde por un sistema que traba al mercado. Es cierto que tal vez los informales no serán un Steve Jobs, pero de eso a estar limitados y ser pobres eternamente prefiero apostar por la capacidad creativa y cooperativa de los individuos. Creo que todos merecen esa oportunidad. Jobs empezó en un garaje. Imagínate que hubiese nacido en esta parte del mundo. No hubiésemos visto revoluciones tecnológicas porque ser legal es costoso y ser ilegal es la respuesta natural”: ¿Y quién ha dicho que los informales deban “estar limitados y ser pobres eternamente”? Lo único que he señalado es que la propuesta de De Soto de ver a la formalización y al puro libre mercado como panacea para el desarrollo me parece una ingenuidad. Es más, muy por el contrario de “negarles la oportunidad” a los informales apunté, en respuesta a la última pregunta que me hicieron desde el público, que el Estado debía implementar diversas medidas para apoyar e incentivar las iniciativas empresariales, incluyendo las de los informales. Pero a De Soto eso no le gustaría: para él la vía de desarrollo es la del puro libre mercado y el Estado mínimo. Sin embargo, ni Alemania ni Rusia ni Japón ni China ni los países del Este Asiático y ni siquiera Estados Unidos o Inglaterra se han desarrollado así sino que en sus procesos de despegue y crecimiento económico el Estado ha tenido una participación decisiva en su apoyo a las empresas en contextos donde el mero mercado dejado a sí mismo no habría logrado ello, tal como también detallo en Economía para Herejes (9).

Referencias:

1. José Matos Mar, Desborde Popular y Crisis del Estado, Instituto de Estudios Peruanos, Lima, 1984.

2. Véase: Hernando de Soto, El Misterio del Capital: Por qué el Capitalismo Triunfa en Occidente y Fracasa en el Resto del Mundo, Ed. Sudamericana, Buenos Aires, 2002.

3. Hernando de Soto, El Otro Sendero, Ed. Oveja Negra, Bogotá, 1987, p. 306.

4. Véase: Dante A. Urbina, Economía para Herejes, Ed. CreateSpace, Charleston, 2015, cap. 6. (http://danteaurbina.com/economia-para-herejes/)

5. Cfr. Iván Lazcano Gutiérrez, “Racionalización burocrática y control democrático: Una revisión crítica desde Max Weber”, Revista del Instituto de Administración Pública del Estado de México, nº 73, agosto del 2009.

6. Para detalles sobre esta distinción, véase: Daron Acemolgu y James Robinson, Por Qué Fracasan los Países, Ed. Deusto, Barcelona, 2012.

7. Hernando de Soto, “El Misterio del Capital de los Indígenas Amazónicos”, Instituto Libertad y Democracia, 2009.

8. Elinor Ostrom, “¿Teoría económica, ciencia política, teoría social?: Lo que yo hago podría llamarse Economía Política o estudio de los dilemas sociales” (entrevista), Sin Permiso, 18 de octubre del 2009.

9. Véase: Dante A. Urbina, Economía para Herejes, Ed. CreateSpace, Charleston, 2015, cap. 8. (http://danteaurbina.com/economia-para-herejes/)