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¡Avísenle a la ciencia (o más bien al cientificismo) que la filosofía sigue viva!: Respuesta a críticas epistemológicas “miopes”

Pregunta

“Estimado Dante, te sigo desde hace poco y vi que publicaste un interesante artículo titulado “¡Si la filosofía muere la ciencia también muere!: Cinco formas en que la ciencia depende de la filosofía”. Al respecto vi por allí también ciertas críticas al mismo. En general encontré que varias de esas críticas se deben a que quien las hace ni siquiera ha entendido bien a lo que te refieres en tu artículo. Sin embargo, hay algunos puntos que me gustaría que comentaras.

Para empezar, respecto de tu afirmación de que la ciencia depende de la lógica, enmarcada en su esencia dentro de la filosofía, se te critica que la filosofía no puede verificar nada por sí misma, sino que para ello depende de la ciencia la cual, por su parte, puede recurrir a la lógica para endurecer sus proposiciones pero se basa fundamentalmente en la evidencia empírica, no siendo científicamente válida una teoría que solo se base en deducciones lógicas.

Asimismo, se critica tu afirmación de que “no existen observaciones ateóricas” apelando a que sí existen observaciones ateóricas porque existen hechos ateóricos y por ello mismo se encuentra que diversas ciencias, como la antropología o la sociología, pueden llegar a descubrir fenómenos de los que no se sabía absolutamente nada y, precisamente para evitar riesgos de invasión teorética, se manejan técnicas como la observación participante, encuestas, entrevistas, muestreo, etc. Y es que si los hechos que recogen estas técnicas no fueran ateóricos estas no tendrían razón de existir.

Finalmente, se cuestiona tu afirmación de que la noción de verdad sería no solo descriptiva sino también normativa apelando a que, por ejemplo, para saber si la proposición “Ayer te llamó Pedro” es verdad no se usa la formalización lógica sino que se le pregunta a Pedro para ver si de verdad llamó ayer. Además, se menciona que no hay necesidad de la filosofía para garantizar la claridad conceptual de las ciencias ya que de ello se encarga la ciencia misma a través del debate y la retroalimentación.

Estaré muy agradecido de conocer tu réplica al respecto puesto que quiero estudiar filosofía y eres uno de los filósofos que más admiro”.

AV – Perú

Respuesta de Dante A. Urbina

Gracias por tus amables palabras. Resulta interesante que, conociendo desde hace poco mi trabajo, encuentres desde ya lo que he venido encontrando desde hace tiempo: que la mayor parte de las críticas al mismo se basan en malentendidos y, en consecuencia, no le hacen “ni cosquillas” a lo que verdaderamente planteo. En otras palabras, caen en lo que técnicamente se conoce como falacia de blanco móvil o falacia de hombre de paja. Y las críticas que aquí me trasladas para que las replique no son la excepción. Pasaré a demostrarlo (“para variar” aplicaré mi consabido método de “destrozar punto por punto”):

1) “Para empezar, respecto de tu afirmación de que la ciencia depende de la lógica, enmarcada en su esencia dentro de la filosofía, se te critica que la filosofía no puede verificar nada por sí misma, sino que para ello depende de la ciencia”: Empezamos mal. En ninguna parte de mi artículo digo que la filosofía sirva por sí sola para verificar ni mis argumentos dependen de tal suposición. Para que no haya equívocos tengamos en claro lo que significa la palabra “verificar”. En epistemología (que es el contexto pertinente a lo aquí tratado), la “verificación” se define como “el uso de datos empíricos, observaciones, pruebas o experimentos para confirmar la verdad o justificación racional de una hipótesis” (1). Dado esto, es claro que corresponde al método científico. En consecuencia, criticar a la filosofía por no poder verificar (en el sentido referido) por sí misma algo como una reacción química es tan tonto como pretender criticar a la ciencia por no poder establecer cuál es el sentido de la vida. Hay que saber distinguir los rangos epistemológicos. Si alguien le pide “peras al olmo” y el olmo no le da peras la culpa no es del olmo sino de ese alguien… Por tanto, así como yo no le pido demostraciones filosóficas a la ciencia, tampoco estoy suponiendo ni requiero que la filosofía haga demostraciones científicas, así que en ese aspecto la crítica “cae en saco roto”. Ahora bien, que la filosofía por sí misma no pueda “verificar” en el sentido de “comprobar empíricamente” no implica de por sí que no pueda servir como vía de conocimiento pues, por una parte, hay también otras vías (análisis, deducción, inferencia, etc.), y, por otra, no está demostrado que absolutamente toda la realidad sea comprobable empíricamente (en el sentido científico de la palabra). Esto es de suma importancia pues, definiéndose la verdad como la adecuación entre el intelecto y la realidad, si hubiera alguna realidad más allá de lo empírico (entendido como aquello que, al menos potencialmente, se puede ver o tocar) la verificación (ahora en el sentido amplio de la palabra) de la misma tendría necesariamente que darse por vías distintas al método científico (la inferencia filosófica, la experiencia mística, etc.). Y si algún positivista, postulando no solo el naturalismo epistémico sino también el ontológico, afirmara la estolidez de que solo existe aquello de lo que se puede tratar empíricamente, tal afirmación sería ¡de orden filosófico y no científico!

2) “… la cual, por su parte, puede recurrir a la lógica para endurecer sus proposiciones pero se basa fundamentalmente en la evidencia empírica, no siendo científicamente válida una teoría que solo se base en deducciones lógicas”: Seguimos con lo mismo: la falacia del hombre de paja. En mi artículo digo que la ciencia requiere de la lógica, sí, ¡pero en ningún momento digo que basta con la formalización lógica para que una teoría sea científicamente válida! Por tanto, quien me acuse de tal cosa simplemente no entiende la diferencia entre condición necesaria y condición suficiente. Claramente en la misma parte del artículo en que hablo de la lógica digo, citando a Morán (2), que la ciencia debe responder no a uno sino a dos tribunales: al de la lógica y al de la evidencia empírica (“mundo”). Ergo, no cabe ni siquiera insinuar que yo pretenda que la sola lógica baste sin más para hacer ciencia y hasta el solo mencionarlo (aunque no se me lo atribuya explícitamente) en el contexto de una crítica a mis planteamientos constituiría una clara falacia del pez rojo. Es más, cualquiera que haya leído mi trabajo sabe que yo rechazo claramente el que una teoría se pretenda científica si es que solo tiene formalización lógica pero no evidencia empírica. En efecto, en mi libro ¿Dios existe? critico por ello mismo a sofisticados modelos especulativos de física como el Aguirre-Gratton, Carroll-Chen, Ali-Das y también el de Hawking (3). Asimismo, en mi libro Economía para Herejes una de las constantes críticas que hago a la economía neoclásica es que no basta la formalización lógico-matemática para garantizar la cientificidad (4). En ese sentido, cabe precisar que quienes verdaderamente saben epistemología suelen considerar a la física como la ciencia más avanzada no simplemente porque haga más formalización lógico-matemática sino porque, en lo que constituye propiamente su corpus (no se incluye aquí a las meras hipótesis especulativas), sus formalizaciones se corresponden con la realidad empírica y realizan predicciones bastante específicas y exactas (por ejemplo, las teorías especulativas de Einstein no fueron consideradas propiamente científicas hasta que se comenzaron a comprobar asombrosas predicciones de las mismas en torno a 1920). En cuanto aquello a que la ciencia “puede recurrir a la lógica para endurecer sus proposiciones”, el uso de la palabra “puede” en la frase muestra que quien la formula no entiende la naturaleza omni-abarcante de la lógica. No es que la lógica sea algo opcional -que puede o no darse- para formular proposiciones a partir de la evidencia empírica sino que es en todo momento inescapable. ¿Cómo así? Pues lo mostraré con el propio ejemplo que usa la crítica en el punto 5, así que a esperar hasta allí.

3) “Asimismo, se critica tu afirmación de que ´no existen observaciones ateóricas´ apelando a que sí existen observaciones ateóricas porque existen hechos ateóricos y por ello mismo se encuentra que diversas ciencias, como la antropología o la sociología, pueden llegar a descubrir fenómenos de los que no se sabía absolutamente nada””: Esa es una falacia non sequitur. Del que los hechos del mundo sean ateóricos (en el sentido de que son lo que son independientemente de cualquier teoría o posible teoría) no se deduce necesariamente que nuestras observaciones de los mismos sean ateóricas. Que uno observe algo no hace de por sí que su observación misma tenga las propiedades de ese algo (por ejemplo, puedo observar un objeto de vidrio sin que yo o mi observación estemos hechos de vidrio). Y es que aquí hay que entender lo siguiente: la observación es un acto que vincula sujeto (quien observa) y objeto (lo que es observado). Ahora bien, el sujeto tiene, digámoslo, subjetividad, y es ahí donde desde ya está influenciado por teorías, hipótesis, prejuicios, experiencias previas, ideologías, presupuestos filosóficos, etc. De otro lado, el objeto es independiente de la subjetividad del sujeto. Pero la observación, al ser un acto que surge del sujeto (el objeto solo sería ente pasivo a este respecto), se da necesariamente en un contexto de subjetividad (que no debe confundirse con “arbitrariedad”, pues hay creencias subjetivas que pueden estar bien justificadas) y, por tanto, no se puede así nomás decir: “Ah, como existen hechos ateóricos, existen observaciones ateóricas”. En cuanto aquello de que las ciencias pueden llegar a descubrir fenómenos de los que previamente no se sabía nada, ello no solo no refuta lo que aquí estoy planteando sino que hasta puede servir para ilustrarlo mejor. Imaginemos, por ejemplo, el caso de un antropólogo que descubre en una región de Oceanía a una cultura de la que antes no se tenía registro alguno. Cuando él observe a esta cultura, ¿su observación será absolutamente ateórica? Pues no. El grupo humano que allí encuentre es independiente de cualquier teoría, pero no la observación que se haga del mismo, pues esta estará inevitablemente cargada de subjetividad (que, repito, no es lo mismo que “arbitrariedad”). En efecto, ya el solo hecho de usar (aunque solo sea en la mente) categorías como “grupo humano” o “cultura” implica una carga teórica previa. Y una vez que el investigador identifique al grupo como “humano”, influirán -quiérase o no, de modo implícito o explícito- sus juicios previos sobre si los seres humanos son religiosos por naturaleza o por construcción social, si son más cooperativos o competitivos, si su lenguaje es innato o aprendido, etc. Precisamente por eso es que dos investigadores que observan exactamente lo mismo ¡dan descripciones distintas de ello! Y eso no es algo posterior a la observación sino anterior y condicionante pues es lo que se llama “perspectiva” y toda observación se hace necesariamente desde una perspectiva.

4) “… precisamente para evitar riesgos de invasión teorética se manejan técnicas como la observación participante, encuestas, entrevistas, muestreo, etc. Y es que si los hechos que recogen estas técnicas no fueran ateóricos estas no tendrían razón de existir”: El argumento que he construido en el punto precedente es un argumento general respecto de la observación así que, siendo todo lo citado no más que distintas técnicas o formas particulares de observación, les aplica el mismo argumento. De todas formas, vamos a mostrarlo en específico: la “observación participante” requiere el presupuesto de que el investigador puede “hacerse parte” del fenómeno coherentemente y sin disrupción del mismo; las encuestas y entrevistas desde ya implican un posicionamiento previo al determinar exactamente qué preguntas se van a hacer (¿por qué esas y no otras?) y de qué modo (¿por qué de ese y no de otro?); y el muestreo depende de muchos supuestos teóricos sobre la estadística (como el “teorema central del límite” para poder hacer inferencia) y el fenómeno mismo (el aplicar un muestreo estratificado en lugar de un muestro aleatorio simple o uno por conglomerados desde ya implica hacer conceptualizaciones sobre la población a muestrear). Ahora bien, dado que sostengo que esas técnicas no son ateóricas sino que están teóricamente permeadas, ¿estoy implicando con ello que “no tienen razón de existir”? De ningún modo. Yo no soy un relativista epistemológico. Y es que, así como rechazo la postura de que la observación dé directamente la objetividad, también rechazo la postura de que esta sea pura subjetividad. Más bien la observación es un puente entre lo objetivo y lo subjetivo. En ese sentido mi postura es que en ciencia no hay directamente objetividad sino más bien un continuo proceso de objetivación. Es decir, la ciencia no establece de modo absoluto toda la realidad de los fenómenos, sino que va construyendo modelos cognitivos que, en general, se acercan cada vez más y más a la realidad de los mismos. Ergo, las mencionadas técnicas siguen teniendo plenamente su razón de existir, pero no porque den directamente la objetividad, sino porque contribuyen al proceso de objetivación. Esa es mi postura epistemológica a este respecto y en ello no estoy solo. Al contrario, me acompaña nada menos que el más importante epistemólogo del siglo XX: Karl Popper. En efecto, en la visión de Popper la actividad científica constituye una “búsqueda sin término” (5) precisamente porque nuestro conocimiento no agota del todo la realidad (objetividad) sino que va aproximándose, a través de “conjeturas y refutaciones” (6), cada vez más y mejor a la misma (objetivación). Y por si esto fuera poco, también tengo a mi lado al gran epistemólogo francés Gaston Bachelard quien -casi como respondiendo a mi crítico- escribe: “Es erróneo querer ver en lo real la razón determinante de la objetividad, cuando en realidad solo se puede aportar la prueba de una objetivación correcta. (…) Si se quiere conservar la clarividencia hay que conseguir plantear el problema sistemáticamente en términos de objetivación, más que en términos de objetividad. (…) Creemos, pues que es mejor no hablar de una objetivación de lo real sino de la objetivación de un pensamiento en busca de lo real” (7). Espero se entienda que me siento más cómodo al lado de Popper, Bachelard y la razón misma que condescendiendo con los equívocos de mi eventual crítico…

5) “Finalmente, se cuestiona tu afirmación de que la noción de verdad sería no solo descriptiva sino también normativa apelando a que, por ejemplo, para saber si la proposición ´Ayer te llamó Pedro´ es verdad no se usa la formalización lógica sino que se le pregunta a Pedro para ver si de verdad llamó ayer”: Acusarme de estar dejando de lado el plano empírico por afirmar el aspecto normativo de la noción de “verdad” es, nuevamente, una falacia de hombre de paja. Sería correcta dicha acusación si en mi artículo dijera que la verdad es una noción única y exclusivamente normativa y no descriptiva. Pero lo que en realidad expreso es que no es una categoría meramente descriptiva sino también normativa lo cual no solo no niega el que le reconozca su carácter descriptivo ¡sino que implícitamente lo afirma! Por ejemplo, si digo respecto de un docente universitario: “Él no es meramente un profesor sino un gran investigador”, ¿se entendería acaso que necesariamente estoy negando que sea un profesor? Todo lo contrario: ya al decir “no es meramente…” se entiende que le estoy reconociendo el carácter en cuestión para pasar a continuación a afirmar algo adicional. Y lo mismo con la cita de Morán que hice. Él escribe: “Palabras como ´verdadero´ no se limitan a describir una oración de la ciencia del mismo modo que la palabra ´marrón´ describe el color de mis zapatos” (8). ¿Con eso está Morán negando que el concepto de verdad sea descriptivo? ¡No! Simplemente está diciendo que no se limita a eso. De otro lado, si no es falacia de blanco móvil es al menos falacia del pez rojo en el contexto de una crítica a mis planteamientos el siquiera mencionar como errónea la pretensión de que para probar un hecho empírico baste la formalización lógica pues no sostengo ello y no hay ninguna parte del artículo original que implique de por sí tal cosa. Sin embargo, usaré este empirista ejemplo de mi eventual crítico para mostrar la necesidad omnipresente de la lógica. Y es que ya en la comprobación empírica de la proposición “Ayer te llamó Pedro” se está presuponiendo como mínimo un principio lógico: el de no-contradicción (además del supuesto de que el testimonio de Pedro es exacto y confiable dado que se lo usa como medio probatorio). En efecto, toda la comprobación requiere suponer que la proposición “Ayer te llamó Pedro” no significa lo mismo que “Ayer no te llamó Pedro”. Y esto no es algo que se hace de modo opcional posteriormente a la observación “para endurecer proposiciones” sino que permea de modo implícito pero absoluto el proceso mismo de comprobación. Lo que pasa es que hay quienes cuando escuchan la palabra “lógica” piensan solo en formulaciones sofisticadas explícitas en términos de cadenas propositivas y no se percatan de su naturaleza más fundamental cuyo estudio ni siquiera pertenece a la disciplina formal conocida como “lógica” (que se ocupa de la parte instrumental) sino eminentemente a la filosofía (que se ocupa de la parte esencial). Ergo, sigue siendo cierto que la ciencia inevitablemente usa un principio cuya naturaleza fundamental pertenece al campo de estudio de la filosofía.

6) “Además, se menciona que no hay necesidad de la filosofía para garantizar la claridad conceptual de las ciencias ya que de ello se encarga la ciencia misma a través del debate y la retroalimentación”: Eso sería perfectamente cierto… ¡si es que los científicos no usasen conceptos filosóficos al momento del debate y la retroalimentación! El punto es que sí los usan. Y con esto no estoy diciendo que lo hagan siempre explícitamente o afirmando la tontería de que el solo hecho de citar conceptos filosóficos ya lo hace a uno filósofo. La mayor parte del tiempo los presupuestos filosóficos son implícitos en el debate científico pero al mismo tiempo inescapables pues, como ya había señalado en mi artículo, cuando dos científicos discuten teorías contrarias, si su discusión va verdaderamente a fondo, terminarán discutiendo sobre epistemología, que es una rama de la filosofía. Es eso, y no un cientificismo burdo, lo que explica que los más grandes epistemólogos (filósofos de la ciencia) hayan sido importantes científicos: Thomas Kuhn fue físico, Imre Lakatos fue matemático, Mario Bunge es físico, etc. Para ilustrar todo esto tomemos nada más y nada menos que una de las áreas más interesantes de la física: la mecánica cuántica. Resulta que hay más de 10 interpretaciones distintas de la física cuántica, todas ellas compatibles con las mismas observaciones empíricas. Dentro de ello tenemos, por ejemplo, el debate sobre si el indeterminismo cuántico es epistémico u ontológico. Tal cuestión no se puede resolver apelando a la sola evidencia empírica pues aquí de lo que se trata es de la interpretación de una misma evidencia empírica. Como se ve, se sigue requiriendo de la filosofía para garantizar la claridad conceptual de las ciencias.

Quedan, pues, respondidos todos los puntos. El diccionario de la Real Academia Española define, en su segunda acepción, miopía como “cortedad de alcances o de miras”. En ese contexto, no puedo más que decir que las críticas realizadas a mi artículo son miopes por cuanto no llegan siquiera a entender el fondo de mis planteamientos filosóficos. Así que se vuelve a confirmar casi hasta de modo gracioso lo que ya había apuntado al final del artículo inicial: que incluso aquellos que proclaman la muerte de la filosofía (o niegan la importancia de la misma) terminan haciendo filosofía, solo que mala filosofía. Como decía el sabio Pascal: “Burlarse de la filosofía es también filosofar” (9).

Referencias:

1. “Verification”, en: Michael Lewis-Beck, Alan Bryman y Tim Futing Liao (eds.), The SAGE Encyclopedia of Social Science Research Methods, Ed. Sage, Thousand Oaks, 2004.

2. Cfr. Héctor Morán, El Mito de la Neutralidad Científica, Ed. Hozlo, Lima, 2005, p. 167

3. Cfr. Dante A. Urbina, ¿Dios existe? El libro que todo creyente deberá (y todo ateo temerá) leer, Ed. CreateSpace, Charleston, 2016, pp. 80-86. (http://danteaurbina.com/dios-existe-el-libro-que-todo-creyente-debera-y-todo-ateo-temera-leer/)

4. Dante A. Urbina, Economía para Herejes: Desnudando los mitos de la economía ortodoxa, Ed. CreateSpace, Charleston, 2015, p. 305. (http://danteaurbina.com/economia-para-herejes/)

5. Karl Popper, Búsqueda sin Término: Una autobiografía intelectual, Ed. Tecnos, Madrid, 1977.

6. Karl Popper, Conjeturas y Refutaciones, Ed. Paidós, Barcelona, 1983.

7. Gastón Bachelard, Epistemología, Ed. Anagrama, Barcelona, 1989, p. 39.

8. Héctor Morán,El Mito de la Neutralidad Científica, Ed. Hozlo, Lima, 2005, p. 171.

9. Blaise Pascal, Pensées, Ed. E. P. Dutton & Co., New York, 1958, n. 4.