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Cómo responder a los agnósticos y sus excusas

Pregunta

“Dante, una pregunta: ¿alguna vez has debatido con un agnóstico? ¿Qué argumentos se les puede dar a estas personas para convencerles de que el Dios verdadero es el de la Biblia teniendo en cuenta que algunos de ellos son casi como los ateos y refutan la Biblia? Tengo un amigo en particular que dice que Dios debe ser un fenómeno físico inexplicable que provocó el Big Bang. Gracias de antemano”.

KF – Colombia

Respuesta de Dante A. Urbina

Para contextualizar, comencemos definiendo lo que es un agnóstico. Un agnóstico es aquel que sostiene que es imposible determinar racionalmente la existencia o no de Dios y que, por tanto, hay que “suspender el juicio” ante dicha cuestión. El creyente y el ateo, en cambio, no suspenden el juicio a ese respecto: afirman o niegan la existencia de Dios. Por consiguiente, al menos en teoría, un agnóstico debería oponerse tanto a teístas como ateos pues, para él, ninguno de ellos podría justificar racionalmente su conclusión de que Dios existe o no. Entendido eso, paso a abordar los puntos que me planteas:

1) “¿Alguna vez has debatido con un agnóstico?”: Hasta el presente mis debates formales sobre la cuestión de la existencia de Dios han sido exclusivamente con ateos, es decir, con ponentes que afirman que Dios no existe (1). No obstante, he participado también de un conversatorio titulado “¿Apunta la física hacia la existencia de Dios?” (2) en el que defendí la postura teísta frente a un físico ateo y un filósofo agnóstico.

2) “¿Qué argumentos se les puede dar a estas personas para convencerles de que el Dios verdadero es el de la Biblia teniendo en cuenta que algunos de ellos son casi como los ateos y refutan la Biblia?”: Como había dicho, en teoría, el agnóstico debe ser epistémicamente contrario tanto al creyente como al ateo. Pero en la práctica la mayoría de agnósticos terminan siendo mucho más hostiles con los creyentes y les critican también cuestiones particulares de su religión (cristiana, para nuestro caso). ¿Cómo responder a este tipo de agnósticos? En primer lugar, teniendo muy en claro una cuestión de orden metodológico: primero se discute la existencia de Dios a nivel filosófico general y luego, una vez resuelto lo anterior, se aborda la cuestión de si ese Dios se ha revelado en alguna persona, religión y/o libro particular. Combinar ambas cuestiones a la vez por lo general termina complicando innecesariamente las cosas para el teísta cristiano y dándole una perfecta oportunidad de escapatoria (“comodín”) al agnóstico deshonesto: cuando se lo acorrala con argumentos filosóficos que prueban la existencia de Dios en general, pasa a criticar cosas de la Biblia; y cuando se le responden o aclaran las cuestiones de la Biblia, pasa a plantear nuevamente objeciones filosóficas. Por eso yo trabajo por niveles: primero argumentos para el teísmo a nivel puramente filosófico y sin particularizaciones religiosas, y luego argumentos para el Cristianismo. En ese contexto, en lo que se refiere a argumentos racionales para defender la Biblia, te remito al de “fiabilidad histórica del Nuevo Testamento” y al de “trilema de Lewis” que desarrollé en mi discurso de apertura en el debate “Cristianismo vs. Islam: ¿Cuál es la religión verdadera?” (3). El consejo precedente (orden metodológico) también vale para discutir con ateos. Pero aquí viene el consejo específico para discutir con agnósticos. El agnóstico promedio se amparará en que el teísta no ha probado “al 100% y con certeza absoluta” la existencia de Dios y que, por tanto, siempre es posible dudar. De este modo, se pretende justificar en su “eterna duda” y quedarse siempre como agnóstico. Lo que hay que hacer allí es mostrarle que su duda es irrazonable. O sea, cualquiera puede ponerse a dudar de prácticamente todo, pero no toda duda es razonable. Por ejemplo, uno podría dudar de si su centro de trabajo o estudios estará en pie el día de mañana pensando que podría caer un meteorito allí. Sin embargo, dicha duda es irrazonable y por ello igual todos alistan sus cosas para ir a estudiar o trabajar al día siguiente. La duda irrazonable simplemente no puede ser tomada como postura definitiva. Por tanto, lo que tiene que hacer el teísta es estar bien preparado para formular y justificar los argumentos a favor de la existencia de Dios y responder contundentemente a todas las objeciones que puedan planteársele. Hecho eso, puede decir con toda autoridad y pertinencia al agnóstico: “Mira, pedir certeza absoluta tal como lo haces es simplemente irracional porque de prácticamente cualquier cosa se puede dudar. Lo que tenemos que hacer como personas razonables es examinar la evidencia y argumentos y ver hacia dónde apuntan. Ya te he mostrado que el teísmo es una postura racionalmente justificada y mucho más razonable que el ateísmo. Frente a eso, tú puedes ser razonable y volverte teísta o insistir en una duda irrazonable y quedarte eternamente como agnóstico. El problema de ello es que, si Dios existe, te estarías perdiendo la oportunidad de una relación personal con el ser más maravilloso posible. Es como si, teniendo buenas evidencias de que ella está enamorada de ti, jamás le declarases tu amor a la mujer de tu vida por encerrarte en la duda (irrazonable) de que tal vez no le gustas… La evidencia apunta razonablemente hacia la existencia de Dios así que nadie te está pidiendo un salto de fe arbitrario o irracional. Estás, por supuesto, en tu derecho de seguir siendo agnóstico… pero ya lo serías por capricho y a tu costo (en el cual debes considerar el gran beneficio que podrías estar perdiendo)”.

3) “Tengo un amigo en particular que dice que Dios debe ser un fenómeno físico inexplicable que provocó el Big Bang”: ¡Genial!: tu amigo nos acaba de proporcionar un perfecto ejemplo de lo que es una “duda irrazonable” por parte de un agnóstico. Veamos: él no rechaza que el Big Bang requiera de una causa sino que claramente acepta que “algo lo provocó”. Pero de ningún modo quiere aceptar que dicha causa pueda ser un Dios inmaterial y trascendente. Antes prefiere decir que sería un “fenómeno físico inexplicable”. ¡Qué irónico!: tanto se acusa a los creyentes de caer en la “hipótesis del Dios de los agujeros” y acá vemos a alguien cayendo en un “sofisma de los agujeros” con tal de no aceptar la existencia de un Dios trascedente. En efecto: ¡está pretendiendo como explicación el simplemente decir “fenómeno físico inexplicable”! Pero resulta que dicha “explicación” es irrazonable. Conforme al teorema de singularidad espacio-temporal Hawking-Penrose (4), el Big Bang representaría un inicio absoluto de todo el espacio, tiempo, materia y energía mismos. Así que hablar de “fenómeno físico” previo es incoherente porque no puede haber materia o energía previos al Big Bang y, lo que es más, ¡ni siquiera habría propiamente un “antes” al Big Bang porque este sería también el inicio del tiempo físico mismo! Un “fenómeno físico” requiere la existencia de realidad física ¡pero no se puede apelar a una realidad física previa como explicación de la existencia de la totalidad de la realidad física pues ello sería auto-contradictorio ya que no puede haber algo físico “fuera” de todo lo físico! Pero dejemos que el reputado astrofísico británico Paul Davies dé “el golpe de gracia” a la excusa del amigo agnóstico. Él dice: “La venida a la existencia del universo, tal como es discutida en la ciencia moderna, no es simplemente cuestión de imponer algún tipo de organización a un estado previo desordenado sino literalmente la venida a la existencia de todas las cosas físicas desde la nada” (5). Entonces, ese “algo” que causó el Big Bang debe ser atemporal, aespacial e inmaterial. Y eso se corresponde perfectamente con un Dios espiritual y trascedente, no con ningún tipo de “fenómeno físico inexplicable”. Así que aquí el inferir la veracidad del teísmo es lo razonable y permanecer en un caprichoso agnosticismo (o panteísmo fisicalista) es lo irrazonable. Y esto incluso si el origen absoluto del universo no es propiamente el Big Bang pues, aparte de que disponemos ahora de un teorema mucho más general sobre que la realidad física no puede ser eterna hacia el pasado (a saber, el teorema Borde-Guth-Vilenkin), existen sólidos argumentos filosóficos independientes de las contingencias del avance científico que refutan la idea de eternidad del universo. Por tanto, es perfectamente racional y legítimo remitirnos a un Dios inmaterial y trascendente, como el que postula el Cristianismo. Ya si alguien quiere jugar a la “política de la avestruz” y ocultarse ante las evidencias… sería problema suyo…

Referencias:

1. Véanse: “Dios, ¿existe o no existe?: El gran debate” (video en: https://www.youtube.com/watch?v=Q-UUQvTJiHo) y “¿Dios no existe?: Teísta vs. tres ateos” (https://www.youtube.com/watch?v=QLFoNdB2axA). Del primer debate, el más famoso, se publicó un libro en los Estados Unidos, ver: Dante A. Urbina, Dios ¿existe o no existe?: El gran debate, Ed. Misión 2000, Arizona, 2014. (http://danteaurbina.com/dios-existe-o-no-existe/)

2. Dante A. Urbina, Luis del Castillo y Humberto Quispe, “¿Apunta la física hacia la existencia de Dios?”, conversatorio, Universidad Nacional Mayor de San Marcos, 4 de diciembre de 2015. (Video en: https://www.youtube.com/watch?v=Q1RDmubUPTw).

3. Dante A. Urbina vs. Nureddin Cueva, “Cristianismo vs. Islam: ¿Cuál es la religión verdadera?”, debate realizado en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (Lima – Perú), 2 de julio del 2014. (Video en: https://www.youtube.com/watch?v=7L1my6NsfqA)

4. Cfr. Stephen Hawking and Roger Penrose, “The singularities of gravitational collapse and cosmology”, Proceedings of the Royal Society of London, Series A, Mathematical and Physical Sciences, vol. 314, nº 1519, 1970, pp 529–548.

5. Citado por: William Lane Craig, “¿Dios existe?”, debate contra Christopher Hitchens, Universidad de Biola, 4 de abril del 2009, discurso de apertura.