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¿Deben tomarse los “días” de creación del Génesis necesariamente como literales?: Respuesta a los “creacionistas de la Tierra joven” desde una perspectiva cristiana

“El sentido auténtico del relato del Génesis es necesariamente el de seis días literales de creación”: esta es la postura sostenida por “creacionistas de la Tierra joven” como Ken Ham, Kent Hovind y Terry Mortenson. De acuerdo con este último, “Génesis 1 claramente muestra que los días de la creación fueron días literales” y un cristiano no debería sostener otro tipo de posición (1). A su vez, el conocido portal web de tendencia creacionista Conservapedia mantiene que la visión de la Tierra joven (de acuerdo con la cual la Tierra y el universo tendrían solo poco más de 6 mil años de existencia) sería, en efecto, la auténtica y solo recientemente se la ha cambiado “para acomodar visiones no-bíblicas de la historia” (2).

Sin embargo, la cuestión es más amplia y compleja de lo que creacionistas como Mortenson pueden hacer parecer. La palabra que se usa en el relato del Génesis para “día” es el vocablo hebreo yom y al respecto no un teólogo liberal sino un acérrimo defensor de la inerrancia bíblica como el Dr. Gleason L. Archer, quien fue profesor de Antiguo Testamento en la Trinity Evangelical Divinity School, menciona que “todos los especialistas bíblicos admiten que yom (día) puede ser usado de forma figurativa o simbólica así como en un sentido literal” (3). Y es que, tal como muestra Greg Neyman, fundador de “Old Earth Ministries”, esta palabra no solo se traduce como “día” sino que en numerosos pasajes del Antiguo Testamento se encuentra vertida como “estación”, “año”, “tiempo”, “era” y “por siempre” (4). De hecho, según explica Rodney Whitefield, PhD. en Física y autor del libro Leyendo Génesis 1, un análisis detallado del texto hebreo lleva a pensar que la interpretación no literalista de la palabra “día” es la más plausible atendiendo al carácter singular de la forma de la numeración de los “días” en el texto (5). A ese respecto cabe mencionar que, como ha notado Archer desde un punto de vista gramatical, “ninguno de los seis días creativos trae un artículo definido en el texto” siendo que “el artículo definido se usaba generalmente allí donde se quería expresar que el sustantivo era definido; solo en el estilo poético podía ser omitido” (6).

Asimismo, como ha señalado Norman Geisler, prominente teólogo y fuerte defensor de la inerrancia bíblica, “los días enumerados no requieren ser solares. No hay regla en el lenguaje hebreo que exija que todos los días numerados en una serie correspondan a días de 24 horas” (7). Y, en efecto, siendo este el proceso creativo divino inicial, hay que recordar que no cabe encerrar a Dios en nuestro concepto de día de 24 horas pues, de acuerdo con la misma Biblia, para Él “un día es como mil años y mil años como un día” (2 Pedro 3:8). No obstante, hay quienes replican que de todas maneras debe entenderse un día de 24 horas en el relato del Génesis porque al final de cada día creativo se dice “y fue la tarde y la mañana”. Sin embargo, como dice el renombrado filósofo cristiano Paul Copan: “La ´tarde´ es mencionada antes que la ´mañana´ en Génesis 1; esta es una forma inusual de escribir y sugiere un uso sacramental y simbólico que apunta hacia la celebración de los ´días, meses y años´ sagrados (Génesis 1:14; el Sabbath y la Pascua comienzan la tarde anterior)” (8).

Y hay todavía otras razones más para pensar que el texto de Génesis no tiene que ser necesariamente interpretado de forma literal. Por ejemplo, resulta que la frase yom echad, que hace referencia al primer “día” creativo en Génesis 1:5, aparece exactamente igual en Zacarías 14:7 en referencia al “Día del Señor” no pareciendo un día de 24 horas pues acerca del mismo se dice en los versículos inmediatamente siguientes que “saldrán de Jerusalén aguas frescas, que correrán en invierno y en verano” y “reinará el Señor sobre toda la tierra” (¿se cree acaso que su reinado durará solamente 24 horas?). De otro lado, el relato de Génesis establece que la tierra produjo toda clase de plantas, incluyendo árboles que dan fruto, completándose así el tercer día (cfr. Génesis 1:12-13). Sin embargo, por decirlo muy suavemente, la tierra no “suele” producir árboles en 24 horas. Y nótese que aquí el texto no está diciendo que Dios simplemente creó los árboles “ya listos” sino que la tierra los “produjo” (verbo en tiempo pasado implica la realización de la acción hasta completarla).

No obstante, algunos creacionistas de la Tierra joven aducen que los días no podrían tratarse de períodos prolongados porque el Sol recién habría sido creado en el cuarto día y las plantas, creadas en el tercer día, no podrían sobrevivir un lapso prolongado sin el Sol para el proceso de fotosíntesis. Pero tal objeción evidencia un doble estándar pues se ignoran los procesos naturales cuando se trata de la tierra produciendo árboles en un solo día, pero se apela a los mismos respecto del proceso de fotosíntesis. Sea lo que fuere, se trata de una mala objeción. En rigor, Génesis 1:14-19, correspondiente al cuarto día, no habla propiamente de la creación del Sol y la luna sino de su configuración para funciones en relación a la tierra. Aquí la clave es distinguir las palabras hebreas bara y asah. Bara es la palabra usada en Génesis 1:1 y se refiere a la creación de la nada (ex nihilo). Asah, en cambio, puede tener una acepción distinta como prueba el hecho de que en Génesis 2:3 se distingue del otro verbo pues se lee que Dios “bara y asah”, siendo absurda la traducción “creó y creó” pudiendo encajar mejor “creó y ordenó”, “creó y organizó”, “creó y configuró” o “creó y preparó”. De este modo, el proceso creativo del conjunto de los astros habría iniciado desde el principio (lo cual coincide con nuestros conocimientos cosmológicos actuales) y lo del Sol se centraría en el proceso de preparación para que su función (precisamente en eso se centra el texto) se dé de modo pleno respecto de la Tierra, lo cual podría perfectamente requerirse dados nuestros conocimientos científicos pues “a pesar de que el Sol irradia antes de que la Tierra sea formada, la Tierra primigenia estaba rodeada por un espesa y densa mezcla de gases y escombros cósmicos que bloquearon la luz solar por muchos millones de años” (9). Por tanto, cuando en Génesis 1:16 se dice que Dios “hizo” (asha) el Sol y la Luna debemos entender que “la palabra asah (traducida como ´hizo´) afirma alguna preparación adicional del Sol para ´gobernar el día´ y la Luna para ´gobernar la noche´. Las palabras ´preparó´, ´hizo´, ´forjó´ o ´trajo´ son mucho mejores representaciones del significado de asah en Génesis 1:16. La palabra bara incluye el concepto de ´novedad´, una connotación que asah no tiene” (10). Así que con esto sucede algo similar a cuando alguien nos dice “¡Haz tu cama!”: no necesariamente pensamos que nos está mandando a fabricar o “crear” una cama.

Ahora bien, hay creacionistas de la Tierra joven que insisten en que los días de la creación tienen que ser literales pues solo así tendría sentido el descanso de los judíos el séptimo día de la semana (Sabbath) en correspondencia con el descanso de Dios luego de su acción creadora. Sin embargo, como apunta el ya citado Archer: “De ningún modo esto demuestra que intervalos de 24 horas estuvieron implicados en los primeros seis días, así como la celebración de 8 días de la Fiesta de los Tabernáculos no prueba que el vagabundeo por el desierto en los tiempos de Moisés solo ocupó unos días. Recuérdese que Israel vagó por el desierto durante 40 años” (11).

En cuanto a aquello de que la interpretación no literalista del Génesis solo sería una escapatoria reciente de ciertos teólogos para acomodarse a “visiones no-bíblicas de la historia” como la teoría de la evolución (que implica cambios biológicos a lo largo de miles e incluso millones de años) o la teoría del Big Bang (que estima una edad del universo en torno a 13.7 billones de años) tenemos que tal acusación simplemente no es verdad. Y es que ya en el siglo IV, es decir ¡cerca de 1500 años antes de que Darwin publicara El Origen de las Especies (1859)!, San Agustín, en el marco mismo de su interpretación sobre el auténtico sentido (ad litteram) del Génesis, daba a entender que el proceso creador podría haberse dado a lo largo de amplios intervalos de tiempo a partir del desenvolvimiento de las potencias puestas por Dios desde el principio: “El hecho de que ahora vemos seres que se mueven a lo largo de intervalos de tiempo para desarrollar lo que corresponde a la naturaleza de cada uno, viene de aquellas potencias implantadas que Dios, por así decirlo, esparció como semillas al momento de la creación” (12).

En vista de todo esto se tiene que es no solo posible sino perfectamente razonable ser cristiano sin necesariamente asumir una interpretación literalista de los seis días del Génesis. Y recuérdese que acá no se ha citado a ningún teólogo liberal ¡sino exclusivamente a teólogos que defienden la inerrancia bíblica (Archer, Copan, Geisler, San Agustín)! Dado ello, si se va a insistir -como es que hacen algunos creacionistas- en que si uno no toma una interpretación estrictamente literal de los días del Génesis no está confiando realmente en la Biblia y, por tanto, no es realmente cristiano, pues que se haga, si quiere, ¡pero que no se pierda de vista que en esa condena se estaría incluyendo (aparte de los ya citados) a cristianos tan prominentes como William Lane Craig, J. P. Moreland, William Bright y John Akenberg, entre muchos otros (13)! Y acá no se está pidiendo a los creacionistas de la Tierra joven que necesariamente adopten una visión no literalista de los días del Génesis (hay libertad en ello) sino simplemente ¡que no asuman (e incluso impongan) como un absoluto lo que es en realidad solo una alternativa interpretativa! De todos modos, lo que queda claro es que ¡en gran ignorancia están aquellos ateos y escépticos que creen que criticado el creacionismo automáticamente invalidan el Cristianismo!

Referencias:

1. Terry Mortenson, “Why shouldn´t Christians accept millions of years”, en: Ken Ham ed., The New Answers Book 1, Ed. Master Books, USA, 2006.

2. “Young Earth Creationism”, Conservapedia (www.conservapedia.com).

3. Citado en: Hugh Ross vs. Kent Hovind, “How old is the Earth?”, The John Akenberg Show, North Carolina, October 2000.

4. Greg Neyman, “Word study: Yom”, Old Earth Ministries (www.oldearth.org), 2005.

5. Rodney Whitefield, “The Hebrew word ´yom´ used with a number in Genesis 1: What does “yom” mean in Genesis 1?”, Old Earth Ministries (www.oldearth.org), 2006.

6. Gleason L. Archer, Encyclopedia of Bible Difficulties, Ed. Zondervan, Grand Rapids, 1982, “Genesis”.

7. Norman Geisler, Baker Encyclopedia of Christian Apologetics, Ed. Zondervan, Grand Rapids, 1999, p. 271.

8. Paul Copan, “The days of Genesis: An old-Earth view”, Aeropagus Journal, vol. 5, nº 2, 2005.

9. Greg Moore, “Does Old-Earth creationism contradict Genesis 1”, God and Science (www.godandscience.org), p. 7.

10. Rodney Whitefield, “The fourth creative ´day´ of Genesis: Answers to questions about the Sun, Moon and stars”, Creation in Genesis (www.creationingenesis.com), 2009, p. 1.

11. Gleason L. Archer, “A response to the trustworthiness of Scriptures in areas relating to natural sciences”, en: Earl Radmacher and Robert Prues eds., Hermeneutics, Inerrancy, and the Bible, Ed. Academie Books, Grand Rapids, 1986, p. 329.

12. San Agustín, De Genesi Ad Litteram, Lib. IV, 33.51.

13. Jon Green, “A Biblical case for old-Earth creationsim”, God and Science (www.godandscience.org), p. 2.