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Entre la conciencia humana y la conciencia divina: La objetividad de los valores morales

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“Saludos, Dante. Te escribo para ver si me puedes ayudar con un argumento en contra del teísmo. El argumento es el siguiente:

1. Todo fenómeno objetivo no requiere de una conciencia para su existencia.

2. Los valores morales sí requieren de una conciencia para su existencia.

3. Los valores morales no son objetivos.

¿Qué premisa es incorrecta y por qué?

Bendiciones”.

EA – Puerto Rico

Respuesta de Dante A. Urbina

Gracias por tu interesante consulta sobre apologética. Paso a darte mi análisis al respecto:

1) Tal como está formulada (diciendo simplemente “conciencia” sin mayor especificación) la premisa 1 es falsa por cuanto sí hay una conciencia que se requiere para la existencia misma de un fenómeno objetivo: la conciencia divina. Aquí la clave es saber distinguir lo que es la conciencia subjetiva nuestra de la conciencia objetivante de Dios. Te lo explico con un ejemplo sencillo: tú existías objetivamente desde antes que yo te conozca, siendo que recién tomo “conciencia” de tu existencia concreta ahora que me escribes. De este modo, la realidad de tu existencia no depende de mi “conciencia subjetiva” (podría nunca haberte conocido y aun así tú existirías objetivamente). Sin embargo, tu existencia no es independiente de la conciencia de Dios pues la condición necesaria misma para que objetivamente existas es que hayas estado (y estés) primero en la “conciencia” o “mente” de Dios pues, siendo contingentes, es en Él que “somos, nos movemos y existimos” (Hechos 17:28). Y es justamente por ello que digo que la conciencia de Dios es una “conciencia objetivante”: nada existiría objetivamente sin Su conciencia. Así, pues, como decía San Agustín,  “no conoce Dios todas las cosas porque previamente existan, sino que existen porque Él las conoce” (1). Entendido esto, es fácil resolver el argumento: los valores morales existen objetivamente por cuanto dependen no de la conciencia subjetiva humana (incluso si todos los seres humanos creyeren que violar niños está bien, no por ello estaría bien) sino de la conciencia objetivante divina (pues es la naturaleza de Bondad intrínseca de Dios la que les da su fundamento).

2) En cuanto a la premisa 2 también hay que distinguir la conciencia humana de la conciencia divina. Si decimos que la premisa 2 incluye la conciencia divina habría que decir que es correcta: los valores morales (como todo lo demás) requieren de la conciencia de Dios para existir. Ahora, dado que cuando incluimos la conciencia divina resulta que la premisa 1 es falsa (por lo explicado en el punto 1), tendríamos que con la premisa mayor falsa y la premisa menor verdadera, la conclusión del argumento presentado (“los valores morales no son objetivos”) sería falsa (o al menos quedaría indemostrada). Pasemos a analizar la otra posibilidad: si con “conciencia” el argumento solo se refiere a la “conciencia subjetiva humana” tendríamos que la premisa 1 sería verdadera pero la premisa 2 sería falsa pues, en rigor, los valores morales no requieren de la conciencia humana para existir sino más bien para operacionalizarse (o sea, un valor moral puede ser correcto y vinculante aunque nadie lo practique pero sí se requiere de la conciencia de las personas para que sea efectivamente practicado). Por su parte, en referencia solo a la conciencia humana, la premisa 1 sería verdadera. Entonces, en este segundo escenario, con premisa mayor verdadera y premisa menor falsa, la conclusión sería falsa o indemostrada. Ergo, sea cual sea la posibilidad, el argumento queda refutado.

3) Ahora, dado que el contexto es que se trata de un “argumento en contra del teísmo”, alguien podría acusarme de falacia de razonamiento circular por cuanto estaría presuponiendo la existencia de Dios (como “conciencia divina objetivante”) para justificar la objetividad de los valores morales y luego usaría esos “valores morales objetivos” para demostrar la existencia de Dios. Pero el punto es que yo no hago lo segundo, así que no se me podría acusar de “razonamiento circular”. Tal como dejo en claro en el capítulo 1 de mi libro ¿Dios existe?: El libro que todo creyente deberá (y todo ateo temerá) leer (2), a diferencia de apologistas como William Lane Craig, yo no uso los “valores morales objetivos” para demostrar la existencia de Dios sino que procedo a la inversa en mi esquema filosófico: una vez demostrada la existencia de Dios por otras vías independientes (principalmente las cinco vías de Santo Tomás de Aquino) paso luego a mostrar que ello implica la existencia de valores morales objetivos. O sea, simplificando, si Craig dice “Dado que existen los valores morales objetivos, por tanto Dios existe”, yo digo “Dado que existe Dios, por tanto los valores morales objetivos existen”. Y es que, siendo más tomista que “craigtiano” en mi metodología, tengo algunas reservas respecto de la conveniencia del “argumento moral” de Craig (3). Quien use tal argumento y frente al razonamiento sobre el que me preguntas esgrima la respuesta que di en el punto 1 sí estaría cayendo en razonamiento circular. Pero en todo caso, también se podría asumir todo en el contexto de “conciencia subjetiva humana” y aducir aquello que dije de que esta conciencia no es necesaria propiamente para la existencia de valores morales objetivos sino solo para la operacionalización de éstos (aunque, claro está, si en ese escenario se me pidiera justificación de la objetividad de tales valores, tendría de todas formas que apelar a Dios).

4) Entonces, frente a las posibles dificultades de utilizar el “argumento moral” en este contexto, cabe preguntarse: ¿hay otra forma de apelar al fenómeno moral para demostrar la existencia de Dios? La respuesta es sí. Por ejemplo, en mi conocido debate sobre la existencia de Dios contra Luis Arbaiza (4) defendí (de forma innovadora por lo menos en lo que se refiere a su formulación específica) un argumento que llamé “argumento antropológico” y en el cual me basaba en cinco características distintivas del ser humano para demostrar luego la existencia de Dios. Una de esas cinco características es la capacidad de realizar juicios morales. No me ocupo de si tales juicios están vinculados a valores morales objetivos o subjetivos o de si existen los “valores morales objetivos”, simplemente me baso en el hecho indiscutible de que realizamos juicios morales. A partir de allí infiero la existencia del espíritu en el ser humano y luego, a partir de la existencia del espíritu (presente en todo ser humano), infiero la existencia de Dios. Es esa vía de argumentación la que me parece más segura y consistente.

Referencias:

1. Citado por: Santo Tomás de Aquino, Suma Teológica, Ia, q. 14, art. 8.

2. Dante A. Urbina,¿Dios existe?: El libro que todo creyente deberá (y todo ateo temerá) leer, Ed. CreateSpace, Charleston, 2016, pp. 16-18. (http://danteaurbina.com/dios-existe-el-libro-que-todo-creyente-debera-y-todo-ateo-temera-leer/)

3. Cfr. William Lane Craig, Reasonable Faith, Ed. Crossway Books, Weathon, 2008, p. 172.

4. Dante A. Urbina vs. Luis Arbaiza, “Dios ¿existe o no existe?: El gran debate”, Universidad Nacional Mayor de San Marcos (Lima – Perú), 10 de mayo del 2013.