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La felicidad desde los ojos de un economista filósofo

Entrevista concedida a Dave Espejo Pérez de la Escuela de Filosofía de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos para el blog “Imaginarias” del catedrático Helton Honores el 6 de junio del 2015.

Frente al auditorio de la Universidad de Gottingen

. Hace unos pocos meses, invitado por las asociaciones interculturales “Café Español” y “Nuestra América Göttingen e.V.”, diste una conferencia en la Universidad de Göttingen (Alemania) sobre el tema de economía y felicidad. A ese respecto quiero comenzar preguntándote: ¿el desarrollo económico trae necesariamente la felicidad?

No, no necesariamente. La relación entre desarrollo económico y felicidad es, en realidad, bastante compleja. De hecho, existe interesante evidencia en contra de la idea de que los países más ricos son necesariamente los más felices. Por ejemplo, hay estudios que muestran que, para el período 1946 – 1991 en los Estados Unidos, mientras el ingreso per cápita se triplicó la felicidad de los habitantes (medida por el “índice de bienestar autopercibido”) permaneció prácticamente igual. De otro lado, en 2014 la conocida plataforma de viajes MoveHub elaboró un índice de felicidad para todo el mundo hallando que los tres países más felices eran Costa Rica, Vietnam y Colombia, en ese orden; mientras que naciones ricas como Alemania y Estados Unidos se hallaban en los rezagados puestos 46 y 105 respectivamente. Obviamente estos datos no son determinísticamente exactos como si se tratara de medir una magnitud física pero sí nos dan una clara referencia de que desarrollo económico no es necesariamente lo mismo que felicidad.

. La tecnología, la cual nos brinda actualmente tantas satisfacciones, ¿nos asegura una mayor felicidad?

La tecnología simplemente nos brinda mayores posibilidades pero depende de que sepamos usar dichas posibilidad con sabiduría el que ello contribuya a una mayor felicidad. Y es precisamente sabiduría lo que no veo en la presente sociedad. Como se lamentaba el poeta T.S. Eliot: “¿Dónde está la sabiduría que hemos perdido en el conocimiento? ¿Y dónde está el conocimiento que hemos perdido en la información?”. La gente está dejando de lado la sensibilidad y la cultura en medio de toda la “racionalidad instrumental” que nos brinda el Internet. Los antiguos requerían sabiduría en sus mentes y corazones para saber cómo vivir, nosotros no necesitamos saber nada: simplemente lo buscamos en Google. Y eso por no mencionar la forma en que se ven afectadas nuestras relaciones interpersonales por la omnipresencia de la tecnología. Asistimos hoy a absurdos escenarios en que cinco personas están sentadas juntas pero no se hablan entre sí: cada uno está absorto en su respectivo teléfono móvil. Y más dramático (y absurdo) es el caso con las familias: si antes se sentaban juntos compartir el almuerzo o la cena, ahora cada uno recibe (o calienta en el microondas) su comida y come encerrado en su cuarto con la computadora.

. Desde tu perspectiva como filósofo y economista, ¿qué crees que es lo que nos acerca y aleja de la felicidad?

Básicamente yo suscribo una perspectiva filosófica aristotélico-tomista. En ese sentido, creo que la felicidad del hombre está en la realización de su esencia conforme a su propósito o fin último. Y eso no se halla en la mera materialidad del mundo. El hombre tiene un deseo infinito de felicidad y todas las cosas que vemos en este plano son finitas. Por tanto, creo que la plena felicidad del hombre solo se halla en la trascendencia. El punto es, entonces, descubrir el significado y naturaleza de dicha trascendencia y vivir conforme a ello. ¿Y cuál es el contenido de esto? Pues el amor. Y no el amor como el sentimiento voluble y superficial al que nos tiene acostumbrados esta sociedad, sino amor a un nivel metafísico, como esencia, fundamento y fin último de realidad. En otras palabras, aunque a muchos les incomode, lo que estoy diciendo es que la felicidad está en Dios, que es ese amor “en acto puro”. Ergo, es viviendo conforme a ese amor que nos acercamos más a la plena felicidad.

. Coméntanos sobre la “adaptación hedónica” y el “umbral de satisfacción”.

La “adaptación hedónica” tiene que ver con el hecho de que el hombre es también un “animal de hábitos y costumbres”. Podemos ganarnos la lotería y volvernos locos de felicidad en ese instante, pero luego nos acostumbramos a nuestro nuevo modo de vida y ya no nos parece tan especial. A su vez, el “umbral de satisfacción” se refiere a que hay un cierto nivel de ingreso a partir del cual nuestra felicidad ya no aumenta casi nada. Si uno es muy pobre y le regalan 10 dólares se pone muy contento, pero si a alguien que ya es rico le regalan esos mismos 10 dólares no se alegra tanto e incluso puede tomarlo como ofensa. En otras palabras, el dinero estaría sometido a la “ley de rendimientos marginales decrecientes” respecto de nuestro bienestar.

. ¿Crees que actualmente el sistema económico que prima en el mundo hace más felices a las personas?

No, no creo que las haga más felices. Y eso se evidencia en que en los países más ricos e incluso con mayor “índice de desarrollo humano del mundo” hay altas tasas de suicido y la depresión (aspecto psicológico) y la obesidad (aspecto físico) son males muy extendidos. Las librerías de estos países están llenas de libros de “autoayuda”, ¿pero para qué los requieren si supuestamente ya son felices? Y no nos olvidemos del continuo estrés que padecen no solo hombres y mujeres adultos sino inclusive niños. El modelo consumista y productivista que tenemos simplemente nos aliena, es decir, nos saca de nuestra esencia y, por tanto, obstaculiza e incluso va en contra de nuestras posibilidades de realización trascendente.

. ¿Estamos viviendo con falsos ingredientes de la felicidad?

De seguro. Y ello se evidencia especial (y más dramáticamente) en los jóvenes. La mayor parte de ellos vive “hipotecando” su felicidad en función de objetivos materiales. Se dicen “Seré feliz cuando tenga tal nuevo modelo de teléfono móvil”. Y, luego de sacrificios, endeudamiento u ahorro, lo adquieren, pero no son felices. Entonces se dicen: “Seré feliz cuando al fin termine mi carrera universitaria y sea independiente”. Y terminan la carrera pero pasan a ser o bien desempleados o bien dependientes de un duro sistema laboral. Entonces se dicen: “Seré feliz cuando me case”. Y se casan, pero luego vienen las responsabilidades y la rutina y siguen siendo infelices. Luego se dicen: “Seré feliz cuando alcance tal o cual puesto en mi trabajo”. Y consiguen el puesto, pero se acostumbran y siguen siendo infelices. Y así sucesivamente. Vivimos obsesionados con las cosas del mundo, pero en ninguna de ellas está la verdadera felicidad. Y eso por no mencionar el caso de jóvenes que simplemente se desentienden de todo lo anterior y se abocan solamente a vivir una vida de fiestas y sexo casual… y también terminan gravemente frustrados.

. Para terminar, me gustaría que nos comentes cuál es el consejo que le darías a un hombre que desea ser feliz.

Que se esfuerce en buscar y entender cuál es su propósito trascendente y vivir conforme a él a cada instante. Y hablo directamente de “propósito trascendente” porque si fuésemos solo materia y no hubiese nada más que materia no tendría sentido hablar propiamente de felicidad sino solo de placer. Si solo somos partes de un gran mecanismo físico y nuestros actos y experiencias están determinísticamente condicionados por las leyes de la materia, no habría ningún consejo que dar. Pero como no creo en tal esquema materialista (y he dado consistentemente mis argumentos filosóficos en contra del mismo en los debates sobre la existencia de Dios que he sostenido en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y también en la Enrique Guzmán y Valle) sí me parece pertinente dar un consejo en esos términos. Cada persona tiene un propósito singular y tiene que descubrirlo, pero le dejo una pista: ese propósito tendrá que ver definitivamente con el amor.

. Muchas gracias por tu tiempo Dante y por compartirnos tu conocimiento.

Gracias a ti por la oportunidad de poder dar un poco de luz sobre estas cuestiones tan cruciales para todo ser humano.