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Mis conversaciones con los Premios Nobel: Finn Kydland

Conversación entre Dante A. Urbina y Finn Kydland, Premio Nobel de Economía en 2004, en el marco del Lindau Nobel Laureate Meeting on Economic Sciences, reunión trienal a la que asisten los mejores “young researchers” (jóvenes investigadores) del mundo seleccionados luego de competitivo concurso internacional.

Audio:

Transcripción:

Dante A. Urbina

Profesor Kydland, soy Dante Urbina, de Perú. Estoy bastante interesado en un tópico relacionado con su exposición sobre la formación de capital y la innovación, y noté que usted usó la función de producción. ¿Qué piensa usted acerca de la controversia de Cambridge sobre el capital? Es decir, de acuerdo con Joan Robinson, no hay forma coherente de medir el capital e incorporarlo en la función de producción. ¿Cómo usted mediría el capital, o cuál es su opinión sobre esta controversia?

Finn Kydland

Yo ni siquiera sabía sobre esta controversia. ¿Cuál es la base de la controversia? Yo no he leído toda la literatura…

Dante A. Urbina

Bueno, básicamente Joan Robinson dijo que había problemas estructurales con respecto a la medición del capital porque si medimos el capital en términos de dinero, nosotros no podemos incorporar ello directamente en la función de producción. Por ejemplo, ¿en qué tipo de unidades podemos medir el capital? ¿Unidades físicas…?

Finn Kydland

En los Estados Unidos, por ejemplo, tú puedes tener medidas del capital, puedes conseguir series separadas de la maquinaria… Un denso libro publicado por la oficina en Washington D. C. realiza mediciones del capital y luce muy minucioso. Pero personalmente yo no he visto ninguna dificultad potencial en medir el capital. Es difícil para mí imaginar que haya algún problema que superar, desde mi perspectiva. Ahora, en tu caso, ¿cuál es la cuestión que estás tratando de resolver?

Dante A. Urbina

¿En qué tipo de unidades podemos medir el capital?

Finn Kydland

¿Es esa tu pregunta?

Dante A. Urbina

Sí.

Finn Kydland

¿Y cuál es el problema con medirlo en las mismas unidades en que medimos el producto? Quiero decir, el capital es aumentado por la inversión…

Dante A. Urbina

Sí, es una posibilidad…

Finn Kydland

Algunas veces, en algunos países, no hay medidas publicadas de capital, así que tienes que reconstruir tu propia serie basado en la inversión, en algún supuesto sobre la depreciación, etc.

Comentario:

La conferencia de Kydland en el Lindau Nobel Laureate Meeting se tituló “Innovación, Formación de Capital y Política Económica” (“Innovation, Capital Formation and Economic Policy”). En esta conferencia Kydland usó explícitamente la llamada “función de producción” (aquella que en la teoría económica estándar se expresa como Q = f (L, K) relacionando la cantidad producida con la cantidad de trabajo y capital) y discutió, tal como el título de su ponencia anuncia, la formación de capital. Dado ello, resulta perfectamente pertinente sobre aquel que sin lugar a dudas constituye el debate teórico más importante sobre la función de producción y la noción neoclásica de capital: la controversia de los dos Cambridges.

Ya he hablado extensivamente sobre la misma en el capítulo 2 de mi libro Economía para Herejes (1) y también en una conferencia al respecto en la Universidad Nacional de San Agustín en Arequipa (2). Pero, para decirlo muy brevemente, se trató de una titánica batalla intelectual entre economistas sobre si se puede medir de forma coherente el capital e incorporarlo en la función de producción. Y digo “titánica” porque en la misma se enfrentaron verdaderos titanes de la economía: “en una esquina”, los ortodoxos Paul Samuelson, Robert Solow y Franco Modigliani, de Cambridge – Estados Unidos; y “en la otra esquina”, los heterodoxos Joan Robinson, Piero Sraffa y Luigi Pasinetti de Cambridge – Inglaterra. Las implicancias de este debate son verdaderamente tremendas para la teoría económica convencional pues, al estructurarse esta como un sistema matemático concatenado, si no se puede construir coherentemente la función de producción se cae gran parte de la misma. Yo suelo ilustrar ello a mis alumnos diciendo: “Si la crítica de Cambridge (Inglaterra) es cierta se cae alrededor del 80% de lo que estudian en Microeconomía y alrededor del 60% de lo que estudian en Macroeconomía”. Así que estamos hablando de algo muy serio…

Pues bien, resulta que de esta controversia, de tanta importancia, de tanto alcance, Kydland, el Premio Nobel, ¡no sabía nada! Eso claramente valida aquello que dije en Economía para Herejes sobre esta controversia que terminó alrededor de la década de los setenta con la admitida derrota teórica de los economistas neoclásicos. Cito: “La posición ortodoxa a este respecto ya ha sido plenamente refutada, pero nada de ello se ha incorporado de modo claro a la teoría económica estándar. Prima la estrategia del silencio. Prácticamente ningún profesor o académico habla sobre estos problemas. O si habla, se le ignora o se le ´neutraliza´” (3).

Y decir “No he leído toda la literatura” no es razón suficiente pues no le pregunté a Kydland sobre un tema demasiado específico rebuscado a propósito (algo como “¿Qué piensa usted de la influencia y paralelos de las nociones nietzscheanas de ´superhombre´ y ´eterno retorno´ en la concepción de Schumpeter sobre el empresario y el desenvolvimiento económico?”) sino que le pregunté sobre el debate teórico más importante en relación a un aspecto que incluyó en su conferencia y en el que estuvieron implicados muy relevantes economistas ortodoxos que fueron también Premios Nobel (Samuelson, Solow y Modigliani).

Ahora analicemos los demás detalles de lo dicho por Kydland. Cuando como respuesta a la interrogante menciona que en oficinas de los Estados Unidos uno puede conseguir libros con medidas del capital demuestra claramente que no entiende la naturaleza del problema (aunque esto último no se le puede propiamente reprochar condicionado a que, en primer lugar, ni siquiera conocía el problema, lo cual sí es algo que “llama la atención”). Y es que la controversia de los dos Cambridges no es empírica sino teórica. Es decir, no se trata de si las oficinas de gobierno, en su labor de contabilidad nacional, pueden tener mediciones específicas de bienes de capital en sus libros (es claro que las tienen), sino de si la variable capital (K) puede ser medida de forma general de un modo tal que sea consistente con la teoría neoclásica y pueda al mismo tiempo incorporarse matemáticamente en la función de producción.

Luego, Kydland me pide especificar más mi pregunta. Soy directo y le digo: “¿En qué tipo de unidades podemos medir el capital?”. Él responde: “¿Y cuál es el problema con medirlo en las mismas unidades en que medimos el producto?”. Pues hay un “pequeñito” problema… ¡que no podríamos incorporarlo coherentemente a la función de producción! Explico: en la función de producción Q = f (L, K) la variable Q corresponde a las unidades producidas y la idea es establecer una relación entre esta variable y las unidades físicas de trabajo (L) y capital (K) utilizadas. Así lo expresan claramente los profesores Pyndick y Rubinfeld en su famoso manual ortodoxo de microeconomía cuando respecto de la función matemática precedente explican que “relaciona la cantidad de producción con las cantidades de los dos factores, capital y trabajo” (4). Ahora, si seguimos la “solución” de Kydland deberíamos medir el capital en términos de cantidades producidas. ¿Pero cómo hacemos eso? Simple: poniendo el capital en términos de su productividad (contribución a generar producto). ¿Pero cómo se halla esa productividad? Pues resulta que en la teoría económica convencional se halla sacando la derivada de la función de producción respecto del factor capital (dQ/dK). De este modo, llegamos a una muy “simpática” situación: que para medir el capital a fin de poder construir la función de producción requeriríamos primero de… ¡la función de producción! Obviamente esto es un “bucle lógico” y, por tanto, no constituye una solución viable. Es como si alguien me preguntara dónde vivo y yo respondiera: “¿Por qué no vienes a mi casa para decírtelo?”. Así que el problema para la economía ortodoxa sigue en pie.

Por supuesto, se seguirá aplicando la “estrategia del silencio” y, si es necesario, de silenciar a los “incómodos” disidentes. De hecho, recuerdo que cuando era estudiante de pregrado e iba a explicar esta controversia a mis compañeros en una exposición el profesor rápidamente me cortó diciendo sin más “Ese es un problema muy antiguo…” y mandándome a sentar (como si llamar “antiguo” a un problema no resuelto de la década de los setenta y no de la prehistoria resolviera toda la cuestión mágicamente). Pareciera que era un “niño malo” que, “para variar”, se había portado mal. Aunque, cabe anotar, por si acaso, que introducir el mencionado punto en mi exposición no era impertinente sino todo lo contrario dado que el tema de la misma era la función de producción. Pero tal vez sí siga siendo un “niño malo”, en la visión de ese mundo “adulto” -el cual puede ser, y de hecho es, bastante criticable tal como nos ha ilustrado magistralmente Antoine de Saint-Exupéry en su obra El Principito (5). Tal vez hago demasiadas preguntas, preguntas incómodas. Y tal vez me dirán: “¡Cállate! ¡Estate quieto!”. Pero no puedo dejar de moverme. Se querrá frenar mi pensamiento. E pur si muove…

Referencias:

1. Dante A. Urbina, Economía para Herejes: Desnudando los Mitos de la Economía Ortodoxa, Ed. CreateSpace, Charleston, 2016, pp. 51-55. (http://danteaurbina.com/economia-para-herejes/)

2. Dante A. Urbina, “Cambridge vs. Cambridge: La gran controversia sobre la teoría del capital”, Universidad Nacional de San Agustín (Arequipa – Perú), 31 de marzo del 2017. (Disponible en YouTube: https://www.youtube.com/watch?v=BDRLsE3AvKM)

3. Dante A. Urbina, Economía para Herejes: Desnudando los Mitos de la Economía Ortodoxa, Ed. CreateSpace, Charleston, 2016, p. 55.

4. Robert Pyndick y Daniel Rubinfeld, Microeconomía, Ed. Prentice Hall, Madrid, 2009, p. 219.

5. Antoine de Saint-Exupéry, Le Petit Prince, Ed. Gallimard, París, 1946.