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Mis conversaciones con los Premios Nobel: James Mirrlees

Conversación entre Dante A. Urbina y James Mirrlees, Premio Nobel de Economía en 1996, en el marco del Lindau Nobel Laureate Meeting on Economic Sciences, reunión trienal a la que asisten los mejores “young researchers” (jóvenes investigadores) del mundo seleccionados luego de competitivo concurso internacional.

Audio:

Transcripción:

Dante A. Urbina

Profesor Mirrlees, soy Dante Urbina, de Perú. Me pareció interesante su conferencia sobre racionalidad limitada. En ese contexto, estoy interesado porque creo que ello (la racionalidad limitada) establece un contraste respecto de la economía neoclásica porque en la economía neoclásica o, al menos, en la enseñanza de la economía neoclásica, se usa el concepto de optimización racional en el cual los agentes económicos tratan con toda la información relevante y pueden procesar toda esta información. Pero, de acuerdo a la racionalidad limitada, nosotros no podemos procesar toda la información todo el tiempo.

James Mirrlees

Bueno, al respecto he de decir que el modo en que la economía neoclásica es presentada realiza algunos supuestos, dado que es apropiado que realice simplificaciones. Yo creo que los esquemas de decisión racional y los equilibrios son modelos, son realmente aproximaciones, en el sentido neoclásico.

Dante A. Urbina

En ese contexto, de acuerdo a algunos economistas conductuales, cuando estamos buscando “satisfacción” en lugar de “optimización”, nosotros tenemos sesgos cognitivos, sesgos cognitivos que pueden afectar sistemáticamente nuestras elecciones. ¿Qué piensa usted sobre eso y sus implicancias?

James Mirrlees

En mi visión, algunos sesgos son excepciones. Cuando veo un mensaje en mi correo electrónico… creo que hay fuertes sesgos en los mensajes. Pero de algún modo hay algo que no sé cómo capturar.

Comentario:

La conferencia de Mirrlees en el Lindau Nobel Laureate Meeting se tituló “Racionalidad limitada y política económica” (“Bounded rationality and economic policy”). Como se desprende de la conversación, básicamente la cuestión es si, respecto del esquema de racionalidad de los agentes económicos que plantea el enfoque convencional (neoclásico), el planteamiento de racionalidad limitada implica fundamentalmente una convergencia o divergencia. En mi libro Economía para Herejes he defendido lo segundo (1).

Ahora bien, si alguna referencia habría que tomar para el presente debate, ¿qué mejor que la del propio iniciador del concepto de racionalidad limitada, Herbet Simon, quien fue también Premio Nobel de Economía en 1978? Pues bien, si vamos al paper original de Simon a este respecto, nos encontramos con que en varias partes da a entender o directamente expresa que el esquema de racionalidad limitada implica un distanciamiento importante respecto del enfoque neoclásico. Por ejemplo, refiriéndose al concepto neoclásico de homo economicus, de acuerdo con el cual los agentes económicos tomamos decisiones óptimas de forma individualista como procesando racionalmente toda la información disponible, él no dice que basta con un “pequeño ajuste” para que se corresponda con la racionalidad limitada sino que “el concepto de ´hombre económico´ (y, podría agregar, el de su hermano el ´hombre administrativo´) requiere de una revisión bastante drástica” (2).

En buena parte esto se da porque, de acuerdo con el esquema de racionalidad limitada, al no poder examinar toda la información conjuntamente, los individuos no pueden propiamente optimizar (palabra clave de los manuales de microeconomía convencionales para referirse al modo de decisión de consumidores y empresarios) sino que, al solo poder examinar de forma secuencial unas pocas posibilidades en la mayoría de los casos, más bien deben buscar satisfacer. Como dice Simon: “En la mayoría de modelos globales de elección racional [ortodoxos], todas las alternativas son evaluadas antes de que se tome la decisión. [Pero] en la decisión humana real, las alternativas son frecuentemente examinadas de forma secuencial. (…) Cuando las alternativas son examinadas secuencialmente, podemos considerar a la primera alternativa satisfactoria que es evaluada como aquella que será seleccionada. Si un jugador de ajedrez encuentra una alternativa que lleva a un jaque mate inevitable a su oponente, generalmente adoptará esta alternativo sin preocuparse acerca de si hay otras alternativas que también llevan a un jaque mate inevitable. En este caso encontraríamos muy difícil predecir qué alternativa sería elegida, porque no tenemos teoría que prediga el orden en que las alternativas serán examinadas” (3).

Ahora bien, si uno no analiza todas las alternativas sino que tiende a seleccionar la primera que sea un satisfactor suficientemente bueno de la necesidad en cuestión, siendo que el orden de las alternativas es relativamente arbitrario, ¿qué nos asegura que la elección derivada del esquema de satisfacción (racionalidad limitada) necesariamente coincidirá de modo exacto o se acercará bastante a la elección que se derivaría de un esquema de optimización (racionalidad neoclásica)? Y esto es aún más difícil que suceda si tenemos en cuenta que en nuestro análisis ya limitado de las alternativas estamos sometidos a sesgos cognitivos de modo que tenemos que apelar a “reglas heurísticas”. Que estas últimas no se acercan necesariamente a lo planteado por el enfoque neoclásico es algo que ya discutí detalladamente en mi comentario a la segunda conversación con Robert Aumann.

El reputado economista postkeynesiano Steve Keen, profesor de la Universidad de Kingston, ilustra muy bien el punto precedente. Lo cito en extenso: “Considera, por ejemplo, tu visita regular a un supermercado. El típico supermercado tiene entre 10 000 y 50 000 productos, pero vamos a segmentarlos en solos 100 grupos diferentes. ¿Cuántos carritos de comprar diferentes podrías llenar si limitas tu decisión a simplemente comprar o no comprar un producto de cada grupo? Tu deberías ser capaz de llenar 2 elevado a la potencia de 100 carritos de compras con diferentes combinaciones de estos productos: es decir, 1 267 650 600 228 229 401 496 703 205 376 carritos en total (…). Si pudieras procesar la utilidad que ganarías por cada carrito al ritmo de 10 trillones por segundo, te tomaría 100 billones de años localizar la combinación óptima. Obviamente no tienes que hacer eso cuando vas de compras. En lugar de ello, lo que haces es usar un rango de heurísticos consabidos para reducir el enorme conjunto de opciones que enfrentas a algo manejable que puedes completar en menos de una hora. Divides las opciones en unos pocos grupos básicos, en lugar de ver cada producto por separado; y dentro de los grupos usas hábitos que guían tus compras – si normalmente llevas cereales muesli para el desayuno, ignoras los cornflakes. El comportamiento verdaderamente racional es, por tanto, no el elegir la mejor opción, sino reducir el número de opciones que consideras de modo tal que puedas tomar una decisión satisfactoria en tiempo finito” (4).

Finalmente, alguno podría pensar que “no viene al caso” introducir la cuestión conductual de los sesgos cognitivos en una discusión sobre racionalidad limitada, como es que hice en mi re-pregunta a Mirrlees. Sin embargo, a decir de Matthias Klaes, profesor de la Universidad de Dundee, el propio iniciador del enfoque de racionalidad limitada (Simon) “desestimó la teoría neoclásica en favor de enfoques conductuales” (5). Y es que es precisamente la economía conductual (junto con la neuroeconomía y la economía experimental) aquello que nos permitiría captar ese “algo que no sé cómo capturar” del que habla Mirrlees cuando le pregunto sobre la influencia distorsionante de los sesgos cognitivos. En esa dirección es que creo que hay que avanzar…

Referencias:

1. Dante A. Urbina, Economía para Herejes: Desnudando los Mitos de la Economía Ortodoxa, Ed. CreateSpace, Charleston, 2015, pp. 39-41. (http://danteaurbina.com/economia-para-herejes/)

2. Herbert Simon, “A behavioral model of rational choice”, The Quarterly Journal of Economics, vol. 69, n° 1, 1955, p. 99.

3. Herbert Simon, “A behavioral model of rational choice”, The Quarterly Journal of Economics, vol. 69, n° 1, 1955, pp. 110-111.

4. Steve Keen, Debunking Economics: The Naked Emperor Dethroned?, Ed. Zed Books, London, 2011, pp. 71-72.

5. Matthias Klaes, “A conceptual history of the emergence of bounded rationality”, European Society for the History of Economic Thought Conference, Paris, January 30 – February 2, 2003.