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Mis conversaciones con los Premios Nobel: Robert Aumann (1)

Conversación entre Dante A. Urbina y Robert Aumann, Premio Nobel de Economía en 2005, en el marco del Lindau Nobel Laureate Meeting on Economic Sciences, reunión trienal a la que asisten los mejores “young researchers” (jóvenes investigadores) del mundo seleccionados luego de competitivo concurso internacional.

Audio:

Transcripción:

Dante A. Urbina

Profesor Aumann, ¿y cuál cree usted que es la relación entre la Economía y la Filosofía?

Robert Aumann

Pienso que… Yo fui educado como un matemático, y la filosofía es confusa, no es precisa… Yo nunca entendí la filosofía realmente… Es mejor no hablar sobre filosofía. Creo, por ejemplo, que cuando hablamos sobre filosofía moral, se explica mejor en términos de leyes, juegos repetidos, equilibrios, cosas como esas.

Comentario:

¿Por qué formulé esa pregunta (que a algunos les podría parecer extraña)? Ello se explica por el contexto. Resulta que en el Lindau Nobel Laureate Meeting hubo conferencias de 16 Premios Nobel en Economía y la de Aumann fue, de lejos, la que se podría considerar la “más filosófica”. En efecto, varios ponentes hablaron sobre temas sumamente especializados como racionalidad limitada (Mirrlees), modelos económicos climáticos (Hansen), monotonicidad (Heckman), etc., y todos ellos usaron modelos matemáticos; pero Aumann abordó, de modo bastante teórico y sin usar matemáticas, un tema que es por demás reconocido que tiene conexiones con la filosofía (1): el de la conciencia (su conferencia se tituló “Mechanism Design Design: Why Consciousness Evolved”).

Dado ello, la respuesta de Aumann me dejó “verdaderamente sorprendido”, pero en el siguiente sentido: ¿cómo puede ser que el Premio Nobel que abordó el tema más cercano a lo filosófico desdeñe explícitamente la filosofía? Y no me parece que pueda ser razón suficiente el contraponerla con las matemáticas calificando sin más al conjunto de la filosofía como “confusa, no precisa”. Que en la historia de la filosofía haya autores poco sistemáticos e imprecisos (en el sentido lógico del término) como, por ejemplo, Nietzsche (a quien, particularmente, considero un excelentísimo escritor y a la vez un mal filósofo), o que haya gente que “filosofe” de modo burdo y/o desordenado, no implica que la filosofía tenga que ser necesariamente “no precisa” en su totalidad o esencia. Y es que la matemática no es la única instancia posible de lenguaje sistemático y ordenado, sino que ello lo es primordialmente la lógica y un sistema filosófico puede (y debe) perfectamente estructurarse en esos términos. Demostración clara de esto es el enfoque conocido como filosofía analítica. Uno puede estar de acuerdo o no con este sistema filosófico pero su sola existencia es muestra innegable de que se puede hacer filosofía en términos de formulaciones lógicas sumamente rigurosas y precisas. De hecho, el más grande epistemólogo de la actualidad, Mario Bunge, explícitamente habla de “filosofar científicamente y encarar la ciencia filosóficamente” (2). Además, en diametral contraposición con la supuesta disonancia cognitiva entre matemáticas y filosofía que parecería plantear Aumann, está el hecho de que varios de los más grandes filósofos han sido matemáticos y varios de los más grandes matemáticos han sido filósofos. ¿Nombres? Aquí van algunos: René Descartes, Blaise Pascal, Gottfried Leibniz, Gottlob Frege, Henri Poncairé, Alfred North Whitehead, Bertrand Russell, Kurt Gödel, etc. Sería impensable que estos genios matemáticos, con un pensamiento sumamente lógico y ordenado, dijeren la frase “Es mejor no hablar sobre filosofía…”.

Pero lo que más me llamó la atención de la respuesta de Aumann es que, justo luego de dar un juicio negativo sobre la filosofía en conjunto (“la filosofía es confusa, no es precisa”), dice “Yo nunca entendí la filosofía realmente” (“I never understood philosophy really…”). El punto es: ¿cómo puede dar un juicio tan radical sobre algo que él mismo admite que nunca entendió? Parecería ser que ese es el fondo del asunto: se rechaza lo que no se entiende. Pondré una analogía precisamente con aquello frente a lo cual se pretende desdeñar la filosofía: las matemáticas. Hay estudiantes que dicen: “Las matemáticas son meras cosas abstractas que no sirven para nada en la vida real. Es mejor no hablar sobre las matemáticas”. ¿Significa eso que tenemos que desdeñar las matemáticas? No. Simplemente sucede que los estudiantes que dicen ese tipo de cosas en realidad no entienden propiamente las matemáticas. Pues bien, lo mismo hay que decir respecto de la filosofía. La filosofía, filosofía en serio, es ardua, es difícil… por ello puede parecer “confusa” a quien no se haya imbuido en ella, pero no es que sea confusa en sí misma. Al contrario: cuando se la entiende verdaderamente se constituye como aquello que más contribuye a la claridad mental y permite pensar a profundidad. Y cuando ello sucede, ya no caemos en reduccionismos como plantear que podemos reducir fenómenos complejos, profundos y multidimensionales como la moral a fundamentalmente meros esquemas matemáticos tipo “teoría de juegos” (que es el contexto de las “leyes”, “juegos repetidos” y “equilibrios” a que se refiere Aumann).

Por tanto, sí hay que hablar de filosofía. No me queda, pues, otra opción que reafirmarme en aquello que dije en el “Epílogo” de mi libro Economía para Herejes: “Tenemos que ir hacia una nueva teoría económica. Tenemos que incorporar ampliamente los aportes de otros paradigmas, interactuar constantemente con otras ciencias sociales y evaluar profundamente nuestros presupuestos filosóficos. ¿Qué es una tarea muy difícil? Pues sí, pero la continua construcción de una visión verdaderamente científica (y no solo el sucedáneo matematizado de esta) no tiene por qué ser una tarea fácil. El camino del conocimiento es un camino muy arduo, más aún cuando se trata de un fenómeno tan complejo como la economía” (3).

Referencias:

1. Barry Smith, “Neuroscience and philosophy must work together”, The Guardian, March 4, 2012.

2. Mario Bunge, La Ciencia, su Método y su Filosofía, Ed. Sudamericana, Buenos Aires, 2014, cap. 4.

3. Dante A. Urbina, Economía para Herejes: Desnudando los Mitos de la Economía Ortodoxa, Ed. CreateSpace, Charleston, 2016, p. 305. (http://danteaurbina.com/economia-para-herejes/)