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Mis conversaciones con los Premios Nobel: Robert Aumann (2)

Conversación entre Dante A. Urbina y Robert Aumann, Premio Nobel de Economía en 2005, en el marco del Lindau Nobel Laureate Meeting on Economic Sciences, reunión trienal a la que asisten los mejores “young researchers” (jóvenes investigadores) del mundo seleccionados luego de competitivo concurso internacional.

Audio:

Transcripción:

Dante A. Urbina

Profesor Aumann, con respecto a la racionalidad, algunos economistas conductuales sostienen que nosotros no podemos llevar a cabo una conducta en términos de optimización o racionalidad neoclásica porque tenemos sesgos cognitivos en nuestras elecciones. ¿Qué piensa usted sobre ello?

Robert Aumann

Sesgos cognitivos…

Dante A. Urbina

Sesgos cognitivos… Es decir, de acuerdo a algunos economistas conductuales, los sesgos cognitivos afectan sistemáticamente nuestro comportamiento en las elecciones de consumo y, por tanto, el modelo de pensamiento racional u optimización racional no puede ser cierto. Esto, de acuerdo a algunos economistas… ¿Qué piensa usted al respecto?

Robert Aumann

Yo pienso que… Voy a contar una historia. El Premio Nobel en Economía en 2002 fue divido entre dos personas. Una fue Daniel Kahneman, el padre de la Economía Conductual; la otra fue Vernon Smith. Y el punto interesante sobre el Premio Nobel del 2002 es que a Kahneman se le dio el premio por mostrar que la gente se comporta irracionalmente, de acuerdo a sesgos cognitivos. Y lo que Smith mostró es que la gente se comporta racionalmente. Él hizo experimentos sobre mercados y se sorprendió con el resultado, cuán cercanamente el resultado se correspondía con la teoría económica. De este modo, Kahneman ganó el Premio por probar que la gente es irracional y Smith ganó el Premio por probar que la gente es racional. ¡Qué estaba haciendo el Comité Nobel!, ¿verdad? ¿Estaban dando el Premio a dos cosas opuestas? La respuesta es no. Ellos estaban dando el Premio por la metodología, no por resultados. Pero entonces el problema es incluso mayor pues, ¿cómo puede una metodología válida dar lugar a resultados opuestos? Y la respuesta la dan los propios Tversky y Kahneman. Lo que ellos escribieron en 1974 en un gran paper en Science, en una o dos oraciones al final del paper, lo cual no siempre se recuerda… lo que ellos escribieron es: “Estos sesgos usualmente funcionan muy bien, solo algunas veces conducen a sistemáticamente malos resultados”. ¿Ok? Algunas veces… Usualmente funcionan muy bien. Ahora, ¿cuándo es este “usualmente”?, ¿es solo estadística? No, no es estadístico. Ellos (los sesgos cognitivos) funcionan muy bien en escenarios situacionales que son comunes. En escenarios comunes funcionan muy bien. Es escenarios no comunes, funcionan mal. Esa es la razón por la que Kahneman ganó el Premio por mostrar que la gente es irracional y Smith ganó el Premio por lo usual. Kahneman ganó el Premio por lo inusual. La reconciliación es que Kahneman está en lo correcto en escenarios inusuales y Smith está en lo correcto en escenarios usuales… Y la razón es obvia. La razón es que la evolución y el aprendizaje funcionan en situaciones usuales, no en situaciones inusuales. La gente no opera lógicamente…

Dante A. Urbina

Entonces, ¿la mayoría de la gente es lógica o no?

Robert Aumann

¡No! La gente no es lógica; no piensa lógicamente, ¡nunca! Ni siquiera en el planteamiento de Smith. La gente actúa de acuerdo a lo que ha aprendido. Pero lo que han aprendido usualmente es racional. En otras palabras, la gente no analiza racionalmente: ese es un importante descubrimiento de Kahneman y Tversky. Ellos se dieron cuenta de que la gente no piensa lógicamente…

Dante A. Urbina

¿Kahneman y Smith están de acuerdo en que…?

Aumann

Ellos están de acuerdo en que la gente no piensa lógicamente, pero es racional como regla. Yo le llamo “racionalidad de regla”. Y así tenemos un utilitarismo de reglas. Así que el “utilitarismo de reglas” es ir de acuerdo a normas que son útiles como reglas. Entonces, la “racionalidad de regla” es ir de acuerdo a normas que son racionales como reglas, usualmente, no siempre. De este modo, los sesgos cognitivos son racionales como reglas, no siempre, porque -y este es el descubrimiento importante de Kahneman y Tversky- han sido aprendidos y han evolucionado. Y en tanto han sido aprendidos y han evolucionado, deben ser buenos como regla.

Comentario:

Planteé esta pregunta a Aumann por cuanto él recibió el Premio Nobel en 2005 por sus aportes a la teoría de juegos siendo que la aplicación de esta a la economía, dentro de los cánones convencionales (dominantes), lo es conforme al esquema neoclásico de optimización de acuerdo al cual los individuos, dadas sus preferencias, toman decisiones racionales procesando correctamente la información de las opciones disponibles.

Ahora bien, en el planteamiento de mi pregunta, con base en diversos descubrimientos del enfoque conocido como economía conductual, estoy implicando que la presencia de sesgos cognitivos (es decir, percepciones distorsionadas) en nuestras decisiones pone en jaque al esquema de “optimizador racional” propio de la economía convencional. No obstante, Aumann niega o al menos minimiza tal implicación argumentando que la afectación de los sesgos cognitivos solo sería importante en casos inusuales. De este modo, aquellos hallazgos de la economía conductual que ponen en cuestión a la economía neoclásica serían algo interesante, sí, pero no de mayor importancia pues solo se darían en casos raros. En otras palabras, de acuerdo con Aumann, al menos respecto del punto de la racionalidad de los agentes económicos, la economía neoclásica sería válida para lo usual y la economía conductual sería válida simplemente para lo inusual.

En ese contexto, Aumann cita a Kahneman y Tversky, diciendo: “Lo que ellos escribieron en 1974 en un gran paper en Science, en una o dos oraciones al final del paper, lo cual no siempre se recuerda… lo que ellos escribieron es: ´Estos sesgos usualmente funcionan muy bien, solo algunas veces conducen a sistemáticamente malos resultados´”. La cita original al final del paper a que Aumann hace referencia es “ligeramente” diferente. Dice: “Estos heurísticos son altamente económicos y usualmente efectivos, pero conducen a errores sistemáticos y predecibles” (1). Para que no haya dudas, pongo también la cita en inglés: “These heuristics are highly economical and usually efective, but they lead to systematic and predictable errors”.

Ahora bien, analicemos esto detenidamente. Mi pregunta no fue si es que los heurísticos son útiles en general sino si es que la comprobada y sistemática presencia de sesgos cognitivos en nuestras decisiones “pone en jaque” al modelo neoclásico de optimización racional. Por supuesto, si el “funcionar usualmente bien” de los heurísticos se corresponde específicamente con lo planteado por el modelo neoclásico de elección racional (que es lo que parece pretender Aumann, dada su respuesta), problema resuelto: los descubrimientos de la economía conductual serían fundamentalmente compatibles con la teoría económica convencional (neoclásica). Pero el punto es que no es así: no es lo mismo el “funcionar usualmente bien” de los heurísticos que lo específicamente planteado por el modelo neoclásico de elección racional. Pasaré a mostrarlo.

Comencemos entendiendo lo que son los “heurísticos”. Básicamente podemos definirlos como reglas que “inventa” nuestra mente para tomar decisiones de modo simplificado (es ese el sentido del “highly economical” de la cita de Tversky y Kahneman, y no nada que tenga que ver directamente con la teoría económica). Por ejemplo, cuando uno dice “Hay un 80% de probabilidades de que pase este examen”, eso es un heurístico: no se está basando en un cálculo lógico-racional específico sino en una regla simplificada útil para organizar el pensamiento y la acción (de ahí que siempre sean porcentajes “redondos” como 80% y nunca 81.356% o 75.143%). Pues bien, estos heurísticos están precisamente afectados por sesgos cognitivos (de hecho, hasta pueden comprenderse como un producto de ellos). Y los sesgos cognitivos, que implican distorsiones de percepción, no son algo raro que ocurra solo a algunas personas. De hecho, la Encyclopedia of Human Behavior explícitamente los define como “errores sistemáticos en el juicio y proceso de decisión comunes a todos los seres humanos” (2).

Pasemos a ver la otra “cara de la moneda”: el esquema neoclásico de racionalidad. Aquí la clave es sacarse de la cabeza la errada idea de que cuando los economistas ortodoxos hablan de “agentes racionales” se refieren simplemente a que la gente toma decisiones básicamente “razonables”. No. Ellos no se están refiriendo a la racionalidad en general (que podría entenderse desde un esquema aristotélico o praxeológico u otro) sino a un modelo muy específico de “racionalidad” de acuerdo con el cual los agentes toman decisiones como si pudieran procesar correctamente toda la información disponible conforme a las leyes de la lógica (piénsese en el supuesto de transitividad) y la probabilidad (piénsese en la teoría de la utilidad esperada). No se está hablando aquí de decisiones fundamentalmente “razonables” sino de decisiones racionales en el sentido de correspondencia con los cálculos de optimización matemática.

Ahora ya se tienen las “piezas” para armar el “rompecabezas”: el “funcionar usualmente bien” propio de los heurísticos permite tomar decisiones “razonables” en términos de sentido común, pero no decisiones “racionales” en el sentido neoclásico. O sea, siguiendo el heurístico “Comprar aquellos productos alimenticios que mi mamá me ha recomendado” puedo realizar elecciones razonablemente buenas, pero no tiene por qué necesariamente corresponderse (y, de hecho, es difícil que lo hagan de modo específico) con la “combinación óptima” de productos, cantidades, calidades y precios que resultarían de una decisión tomada procesando individualmente toda la información relevante disponible de modo perfectamente correcto y lógico. Ni siquiera se trata de “aproximaciones”, ¡porque son “lógicas” distintas! Así que sí encuentro todavía una diferencia sustancial entre los planteamientos de la economía neoclásica y varios descubrimientos de la economía conductual.

Tomando la estrategia de Aumann, citaré a los propios Kahneman y Tversky, iniciadores de la economía conductual, para probar mi punto. Resulta que en un paper posterior respecto del problema de decisiones bajo incertidumbre (que no son algo “inusual” sino que constituyen la gran mayoría -si no es que todas- las decisiones económicas de consumidores, empresarios, inversores y hacedores de política) estos autores critican frontalmente al modelo de utilidad esperada, propio del esquema neoclásico de decisión racional, y proponen un enfoque alternativo que llaman “teoría de las perspectivas”. Ellos escriben en el Abstract: “Este paper presenta una crítica de la teoría de la utilidad esperada como modelo descriptivo del proceso de decisión bajo riesgo, y desarrolla un modelo alternativo, llamado teoría de las perspectivas. Las decisiones entre perspectivas riesgosas muestran varios efectos bastante extendidos que son inconsistentes con los principios básicos de la teoría de la utilidad” (3). Quien quiera ver sus razones puede leer el paper en el cual discuten la influencia de varios sesgos cognitivos adicionales que afectan decisiones bastante usuales y de gran relevancia en la economía como las inversiones financieras. Y no las afectan de cualquier modo, sino de uno que se aleja de lo predicho por el enfoque neoclásico.

Así que la influencia distorsionante de los sesgos cognitivos no es tan “inusual” como se pretende. Las excepciones son tantas y tantas que ya no se las pueden seguir tratando coherentemente como tales: es necesario entender sus reglas. Y precisamente en ese sentido tenemos relevantes contribuciones como la de Dan Ariely, uno de los más prominentes teóricos conductuales en la actualidad, en su libro Predeciblemente irracional: Las fuerzas ocultas que dan forma a nuestras decisiones. Interesantemente, él propone un esquema racional para entender los patrones de la “irracionalidad” y concurre decidida y explícitamente con la visión de que los descubrimientos de la economía conductual sí discrepan de la economía convencional. Él escribe: “Nosotros somos de lejos menos racionales que lo que la teoría económica estándar asume. No obstante, estos comportamientos irracionales no son aleatorios ni sin sentido. Son sistemáticos y, dado que se repiten una y otra vez, predecibles. Así que, ¿no tendría sentido modificar la teoría económica estándar para alejarla de su psicología ingenua (que frecuentemente falla en la prueba de la razón, la introspección y -más importantemente- el escrutinio empírico)?” (4). Dado esto, quien sostenga que las discrepancias entre los descubrimientos de la economía conductual y la economía neoclásica son pocas y menores debe primero leer bien el libro de Ariely. Encontrará tantas “excepciones” que será cada vez más difícil mantener la supuesta “regla”.

Y si hubiere una “racionalidad de la regla” -ello podría perfectamente aceptarlo conforme a las discusiones sobre “racionalidad limitada” en mi libro Economía para Herejes (5)- es claro, dado lo que explicamos sobre cómo funcionan los heurísticos, que no se correspondería propiamente con la “racionalidad neoclásica”. Así que allí hay que tener cuidado con la falacia del equívoco. Y demostración clara de esto es que, por un lado, el esquema de racionalidad neoclásico, al estructurarse matemáticamente, es necesariamente lógico y, por otro, Aumann explícitamente dice: “La gente no opera lógicamente. (…) ¡No! La gente no es lógica; no piensa lógicamente, ¡nunca! Ni siquiera en el planteamiento de Smith”. La planteada “racionalidad de la regla” sería, como dice Aumann, producto de la evolución del ser humano, no producto de los optimizadores individualistas y atomizados del modelo de racionalidad neoclásico (que era específicamente de lo que estaba preguntando). Como muestra, pensemos simplemente en lo siguiente: durante el proceso evolutivo el hombre ha tenido que enfrentarse, durante miles y miles de años, a la incertidumbre respecto de su supervivencia misma día a día. Mamuts, tigres dientes de sable, extrema escasez de alimentos, fuertes inclemencias de clima… todo ello condicionó largamente nuestro proceso evolutivo haciendo que tengamos en general un apego demasiado fuerte hacia “lo seguro”. Ahora bien, en el mundo actual ya no tenemos esos peligros, pero el condicionamiento sigue presente. Dado esto, cuando enfrentamos una decisión bajo riesgo, en lugar de considerar de modo frío y consistente las opciones, tendemos a tener un apego tal a las “opciones seguras” que nos lleva a inconsistencias matemáticas, lo cual contradice el matematizado esquema neoclásico. Precisamente ese es el punto clave de la paradoja de Allais (6), cuyas implicancias desarrollaron luego los teóricos de la economía conductual.

“Para cerrar”, en cuanto a aquello de que el Comité de los Premios Nobel no podría estar haciendo una locura como premiar a resultados distintos, hay que decir que no sería la primera vez. En 1974 se dio el Premio Nobel de Economía a Gunnar Myrdal y a Friedrich von Hayek, siendo el motivo consignado para ambos “su trabajo pionero en la teoría del dinero y las fluctuaciones económicas y su penetrante análisis de la interdependencia de los fenómenos económicos, sociales e institucionales”. Pero resulta que a ese respecto, como sabe cualquiera que los haya leído, ¡Myrdal y Hayek planteaban cosas contradictorias en teoría y práctica, en enfoque, diagnósticos y propuestas! De otro lado, no debemos quedarnos con la impresión de que el método iniciado por Vernon Smith, la economía experimental, dé uniformemente resultados en concordancia con la teoría económica estándar. Al contrario: muchísimos análisis experimentales han dado resultados que claramente la contradicen y sobre todo respecto del postulado de racionalidad. Una buena reseña de los mismos puede encontrarse en el paper “Más allá del homo economicus: Evidencia desde la economía experimental” de Herbert Gintis (7). De todos modos, Aumann da a entender que una metodología válida no debería dar lugar a resultados opuestos. Eso está muy bien en teoría, pero en la práctica se encuentra una diversidad de resultados por todas partes a partir de una misma metodología. Y no solo en economía conductual o experimental. Baste mencionar que, siendo la econometría la metodología cuantitativa por excelencia de los economistas convencionales, hay resultados econométricos que “validan” los planteamientos keynesianos y también otros que “validan” los monetaristas (y a veces para el mismo tiempo y lugar), cuando estos dos enfoques de macroeconomía ¡plantean cosas opuestas! Así que los problemas siguen abiertos, todavía no tenemos síntesis o soluciones sencillas. En otras palabras, todavía queda mucho por discutir.

Referencias:

1. Amos Tversky and Daniel Kahneman, “Judgment under uncertainty: Heuristics and biases”, Science, vol. 185, nº 4157, 1974, p. 1131.

2. A. Wilke and R. Mata, “Cognitive Bias”, en: V. S. Ramachandran ed., The Encyclopedia of Human Behavior, Academic Press, New York, 2012, vol. 1, p. 531.

3. Daniel Kahneman and Amos Tversky, “Prospect theory: An analysis of decision under risk”, Econometrica, vol. 47, nº 2, 1979, p. 263.

4. Dan Ariely, Predictably Irrational: The Hidden Forces that Shape Our Decisions, Ed. Harper Collins, New York, 2008, p. xx.

5. Dante A. Urbina, Economía para Herejes: Desnudando los Mitos de la Economía Ortodoxa, Ed. CreateSpace, Charleston, 2015, p. 39-41. (http://danteaurbina.com/economia-para-herejes/)

6. Maurice Allais, “Le comportement de l’homme rationnel devant le risque: Critique des postulats et axiomes de l’école Américaine”, Econometrica, vol.21, nº 4, 1953, pp. 503–546.

7. Herbert Gintis, “Beyond Homo economicus: Evidence from experimental economics”, Ecological Economics, vol. 35, nº 3, 2000, pp. 311-322.