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Mis conversaciones con los Premios Nobel: Robert Aumann (3)

Conversación entre Dante A. Urbina y Robert Aumann, Premio Nobel de Economía en 2005, en el marco del Lindau Nobel Laureate Meeting on Economic Sciences, reunión trienal a la que asisten los mejores “young researchers” (jóvenes investigadores) del mundo seleccionados luego de competitivo concurso internacional.

Audio:

Transcripción:

Dante A. Urbina

Profesor Aumann, y con respecto a la naturaleza de la conciencia, ¿qué opina usted sobre el determinismo? Según el determinismo toda nuestra conciencia está únicamente determinada por factores físicos y biológicos, y no hay libre albedrío. ¿Está de acuerdo con eso o no?

Robert Aumann

Tengo un problema con el concepto de libre albedrío. No soy necesariamente un determinista… Creo que toda nuestra conciencia puede ser explicada sin recurrir a nada sobrenatural… No se ha hecho todavía, pero creo que se hará. “Determinismo”… no sé exactamente qué significa. Yo no sé qué significa “libre albedrío”, no estoy seguro respecto de qué significa.

Dante A. Urbina

Entonces, no hay una definición exacta de “libre albedrío” y eso es parte del problema, de acuerdo con usted. ¿Es así?

Robert Aumann

No es claro en qué medida lo que nosotros hacemos está en algún sentido determinado por nuestro libre albedrío. No estoy seguro… Yo creo en la importancia de los colectivos.

Comentario:

Tal como sucedía con mi primera conversación con Aumann, esta pregunta podría parecer extraña. Pero, nuevamente, todo “encaja” si se entiende el contexto. Ha de recordarse que el tema de su conferencia en el Lindau Nobel Laureate Meeting fue, interesante y singularmente (los demás ponentes abordaron temas sumamente especializados de Economía), el de la conciencia (en específico, su conferencia se tituló “Mechanism Design Design: Why Consciousness Evolved”). Dado ello, es perfectamente natural que le pregunte sobre aquel que sin dudas es uno de los tópicos más discutidos en los estudios y análisis sobre la conciencia: el debate “determinismo vs. libre albedrío”.

Pues bien, si algo queda claro de la respuesta de Aumann es que esta no es clara. Él dice “No soy necesariamente un determinista”, pero al instante siguiente afirma su creencia respecto de que “toda nuestra conciencia puede ser explicada sin recurrir a nada sobrenatural”. El punto es que si la totalidad de nuestra conciencia se puede explicar exclusivamente en términos de lo natural, siendo que la naturaleza está regida por leyes (físicas, químicas, biológicas), se sigue necesariamente de ello que nuestra conciencia estaría al final de cuentas predeterminada por esas leyes y, por tanto, no habría libre albedrío… ¡lo cual es precisamente lo que afirma el determinismo! Así que parecería que la respuesta de Aumann cae en un “no… pero sí”.

¿Pero cómo podría ser que Aumann caiga en ese enredo conceptual? Bien, recordemos que en la primera conversación Aumann, remarcando que fue educado en una ciencia exacta como las matemáticas, desdeñaba al conjunto de la filosofía como “confusa, no precisa” pero luego aceptaba que nunca había entendido la filosofía realmente. De este modo, una posibilidad es que esté cayendo en enredos conceptuales con términos con implicancias filosóficas -como “determinismo”- no porque la filosofía sea confusa en sí misma sino porque la confunde al no entenderla (no repetiré aquí la analogía de aquel estudiante que desdeña a las matemáticas como confusas simplemente porque no las entiende… ¡uy!, ya la repetí). De hecho, en filosofía existe bastante discusión académica seria sobre el problema “determinismo vs. libre albedrío” procurándose una rigurosa delimitación conceptual, así que esto no puede soslayarse simplemente apelando a dificultades de definición.

Ahora bien, es claro que Aumann “no le tiene fe” a la filosofía pero, por otra parte, se ve que le tiene mucha fe a explicaciones naturalistas sobre la conciencia. Recuérdese que él dijo: “Creo que toda nuestra conciencia puede ser explicada sin recurrir a nada sobrenatural… No se ha hecho todavía, pero creo que se hará”. Y aquí no digo “fe” en un sentido meramente analógico. La fe se define básicamente como creer en algo que no se ve. Ahora bien, Aumann mismo acepta que en el presente (que “vemos”) no tenemos una explicación naturalista suficiente de la conciencia (“no se ha hecho todavía…”), pero al mismo tiempo mantiene que en el futuro (que no “vemos”) se tendrá (“… creo que se hará”). En ese contexto, resulta especialmente revelador que en su misma conferencia (tal como consta en la foto que tomé y que aparece al inicio de este artículo) frente a la pregunta “¿Cómo funciona la conciencia?” tuvo que poner “No tenemos absolutamente ninguna idea” (“We have absolutely no idea”).

Pero pongámonos en la otra perspectiva. ¿Qué pasaría si no desdeñamos la filosofía ni descartamos a priori la posibilidad de que haya algún tipo de factor sobrenatural en la explicación de la conciencia? Pues bien, sucedería que podríamos tener una explicación racional sobre el libre albedrío y la conciencia desde una perspectiva filosófica compatible con nuestros actuales conocimientos científicos. De hecho, en mi conferencia “Las neurociencias y el espíritu: Una visión teísta” (1), realizada en la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, desarrollé una propuesta filosófica al respecto así que quien esté interesado puede encontrar los argumentos allí.

“¡Oye, Dante, ¿pero por qué hay que hacerte caso a ti en tu defensa filosófica de la existencia libre albedrío cuando un Premio Nobel como Aumann toma distancia de tal posición?!”, podrá pensar alguno. El punto es que la cuestión se debe decidir por argumentos en lugar de por autoridad. Pero si de todas maneras se quisiera entrar al “juego de la autoridad” tenemos que Robert Aumann, si bien es Premio Nobel, no lo es de un área directamente relacionada con el problema de la conciencia ya que se trata de un matemático que ganó el Premio Nobel en Economía, así que no sería propiamente una “autoridad” en el referido tema. Ahora veamos las palabras de John Eccles, quien definitivamente es una autoridad en el tema al ser Premio Nobel de Medicina por sus aportes en el área de la neurofisiología. Sin ambages, él escribe: “Que tenemos libre albedrío es un hecho de la experiencia. Asimismo, afirmo enfáticamente que negar el libre albedrío no es un acto racional ni lógico” (2). Quien quiera ver la argumentación completa de Eccles -porque son los argumentos lo que aquí verdaderamente importa- lo puede encontrar en su abundante trabajo publicado. En todo caso, en vista de que se tienen en el presente modelos explicativos racionales sobre la conciencia incluyendo la afirmación del libre albedrío y la realidad espiritual (Eccles defendía la existencia de la “mente” como una sustancia inmaterial ontológicamente autónoma y con capacidad de agencia, lo cual se corresponde precisamente con la definición de “espíritu”), no se puede “alegremente” tener fe en una explicación naturalista futura sin antes haberlos refutado (cosa difícil de hacer si se toma la actitud de “Es mejor no hablar sobre filosofía…”).

Referencias:

1. Dante A. Urbina, “Las neurociencias y el espíritu: Una visión teísta”, Universidad Nacional Mayor de San Marcos (Lima – Perú), 20 de noviembre del 2013. (Disponible en YouTube: https://www.youtube.com/watch?v=Y1153hHRsd8)

2. John Eccles, “Brain and free will”, en: G. Globus, G. Maxwell, and I. Savodnik eds., Consciousness and the Brain: A Scientific and Philosophical Inquiry, Plenum Press, New York, 1976, p. 101.