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Un cristiano puede ser tan rebelde como un marxista

Reportaje-entrevista concedida a Milton López Tarabochia para el diario virtual El Infómano el 21 de junio de 2013.

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Dante Urbina, cuyo nombre es de origen latín y significa “el de carácter firme” tiene veintidós años, es cristiano, tiene cabello ondulado (un problema trágico para cuando tiene que arreglarlo para las fotografías de este reportaje), lee la Biblia y textos de izquierda.

Su andar erguido junto con el terno que siempre lo acompaña, contrastan con el cabello alborotado que posee y las ideas vanguardistas que confirman que es un novel genio. Pocas personas de niños se preguntaban “¿Cómo es Dios?, ¿qué es la eternidad?”, y a los quince “¿Seríamos capaces de renegar de nuestras creencias hasta destruirlas, para luego reafirmar lo que pensábamos al comienzo?”. Demasiado complejo, pero eso fue necesario, al menos para que Dante sea como es ahora: un joven que explica racionalmente la existencia de Dios.

Al igual que Karl Marx (filósofo y economista) el joven Urbina piensa que lo más importante, lo que mueve al mundo, es la economía. Por ende, los filósofos no solo están para interpretar el mundo, sino también para transformarlo. Eso intenta, quien de niño quería ser literato, en la Facultad de Economía [de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos], donde discute constantemente sobre temas de realidad internacional: caída del capitalismo, globalización, entre otros.

Dante Urbina, quien de púber se tomó la molestia de repasar cada sistema filosófico de las religiones más importantes, sabe que los números son atemporales y no espaciales, cajas en donde se intenta guardar la realidad, o al menos eso piensan los neoliberales, comenta. “La realidad es compleja, no se le puede explicar con una fórmula matemática”.

En medio de la entrevista me detiene y me dice que nos vayamos unos sitios más adelante por la bulla que hacía el resto de alumnos del aula 201 en la misma Facultad. El motivo por el que estábamos en dicha aula era porque iba a tener una reunión con su agrupación cristiana “Misioneros Universitarios Unidos por el Amor de Cristo”. Por razones de la marcha en contra de la Ley Universitaria hubo escasez de alumnado y se postergó. Mientras que unos iban a reclamar por algo que no se sabía en realidad si lo defendían o hacían todo lo contrario, Dante me hablaba del ideal de universidad que se debe de tener, una universidad multidisciplinar en la cual no se tema discutir nada de nada: “La discusión produce conocimiento”. Por otro lado, no nos percatamos que adelante nuestro había un estudiante leyendo o, mejor dicho, intentando leer.

Dante es responsable, tanto que rechazó una conversación con una amiga suya porque tenía una entrevista hasta las cuatro de la tarde, la mía. No odia a los ateos ni cree que son malos, “es algo absurdo pensar eso, como también pensar que los cristianos, por ser teístas, somos estúpidos”. Su pensamiento filosófico es equiparable al cristiano, todo se resume al amor. “Ama y haz lo que quieras, porque quien ama no quiere nada malo”, decía San Agustín, cita el joven intelectual que hubiera deseado conocer a Jean-Paul Sartre para debatirle su lógica, que parte de la premisa de que Dios no existe. Cree en el amor, aunque prefiera reservarse la opinión de si encontrará alguna vez al amor de su vida.

La ortodoxia lo aturde, como el ruido aturde al joven que se encuentra delante de nosotros leyendo. “Existen más de diez escuelas económicas en la actualidad, y en nuestra Facultad los sílabos que se dictan son neoclásicos, no hay un carácter multi-paradigmático”. Me cita infinidad de autores y para no pecar de memorioso puntualiza que tiene un libro inédito, Economía para Herejes, libro en que critica a la economía neoliberal -sí, la que tenemos en el Perú años de años.

“Me considero un cristiano de izquierda. El de derecha piensa que el statu quo está bien, y no lo está. En nuestro mundo prima la dominación, el juego de poderes, la institucionalidad corrupta. Por eso yo creo que es perfectamente factible ser un cristiano de izquierda en el sentido que casi es un deber cristiano rebelarse contra el sistema”.

Urbina tiene veintidós años y cree que el sentido de la vida es vivir de acuerdo a la esencia (Dios) y hacer las cosas en esta vida conforme a esa esencia, acciones trascendentes. No le tiene miedo a morir, sin embargo, sí a dejar de vivir; pero quizá hubiera sentido un escalofrío al enterarse de que lo entrevisté el mismo día en que nació Jean-Paul Sartre hace 108 años, un 21 de junio.

Fui puntual y finalicé mi entrevista a las dieciséis horas. Dante me acompañó hasta la puerta de la Facultad de Letras, en el camino me decía que tenía el deseo loco de conocer al sociólogo Pierre Bourdieu, como también tenía el deseo que arregle sus fotos en Photoshop para que no salgan mal. Nos despedimos.

Cierto, el libro que leía el estudiante que se encontraba delante de nosotros era El Otro Sendero de Hernando de Soto.