La teoría de los sistemas-mundo: Explicación y análisis crítico

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La teoría de los sistema-mundo del sociólogo norteamericano Immanuel Wallerstein es uno de los esquemas de pensamiento que más influencia ha tenido en la explicación de los fenómenos histórico-sociales a gran escala y en enfoques críticos de pensamiento económico como la teoría de la dependencia. Pues bien, los planteamientos de Wallerstein al respecto están expresados en numerosas obras. Aquí nos basaremos principalmente en dos para luego desarrollar la crítica: Análisis de Sistemas-Mundo: Una Introducción y Capitalismo Histórico y Movimientos Antisistémicos.

Comencemos reseñando los planteamientos de Análisis de Sistemas-Mundo: Una Introducción. Aquí Wallerstein comienza haciendo algunas reflexiones epistemológicas en torno al “divorcio” que se ha dado en torno al siglo XIX entre las que C. P. Snow denominó “las dos culturas”: las ciencias y las humanidades. Así, “las  ciencias  le  negaron  a  las  humanidades  la  capacidad  de  discernir  la  verdad.  Durante el anterior periodo, del saber unificado, la búsqueda de lo verdadero, lo bueno y lo bello estaba intrínsecamente relacionada, cuando no era idéntica. Pero ahora los científicos insistían en que su trabajo no tenía nada que ver con la búsqueda de lo bueno o lo bello, sino, simplemente, con lo verdadero. Dejaron la búsqueda de lo  bueno y lo bello a los filósofos. Y muchos entre los filósofos aceptaron esta división del trabajo. (…) Esto justificaba la afirmación de que los científicos eran neutrales frente a los ´valores´” (1). Pero ahí viene la incómoda pregunta de “¿Y dónde se sitúan las ciencias sociales?”. No son como la física o la química, pero tampoco son como la poesía. La consecuencia fue que epistemológicamente siempre estuvieron fluctuando entre dos extremos y, como consecuencia, “las ciencias sociales parecían atadas a dos caballos que tiraban en dirección opuesta y las despedazaban” (2).

Luego Wallerstein se dirige a otras cuestiones conceptuales y señala que “nos encontramos en un sistema capitalista solo cuando el sistema da prioridad a la incesante acumulación de capital. Frente al uso de la   definición, solo el sistema-mundo moderno ha sido un sistema capitalista” (3). Dado ello, pasa a las implicancias geopolíticas de su tesis, sosteniendo que en un sistema-mundo “los Estados más fuertes se vinculan con los más débiles presionándolos para que mantengan sus fronteras abiertas al flujo de aquellos factores de producción que son útiles y beneficiosos a las compañías ubicadas en los Estados fuertes, mientras que resisten cualquier demanda de reciprocidad en este tema” (4). Después de eso Wallerstein analiza los principales movimientos antisistémicos del siglo XX como el socialismo, el feminismo y el etno-nacionalismo hallando que “cada variedad insistía en que sus quejas debían ser resueltas en primera instancia. Cada una argüía que la solución exitosa de sus problemas crearía una situación en la cual las demás quejas podrían ser resueltas subsecuente y consecuentemente” (5). De este modo, estos movimientos exigen a una solución en primer lugar para los obreros o las mujeres o los grupos étnicos (nótese el énfasis en la conjunción “o”).

Pasemos ahora al texto Capitalismo Histórico y Movimientos Antisistémicos donde Wallerstein desarrolla algunos otros puntos interesantes. Así, en el marco de la teoría de los sistemas-mundo nos dice que “la característica definitoria de un sistema social es la división del trabajo que en ella existe, de forma que los distintos sectores o áreas dependen del intercambio económico recíproco para la satisfacción fluida y continua de sus necesidades. Tal intercambio económico puede darse, evidentemente, sin una estructura política común y, lo que es aún más obvio, sin compartir la misma cultura” (6). De este modo, Wallerstein infiere que “el único tipo de sistema social existente es un sistema-mundo, que definimos simplemente como una unidad con una única división del trabajo y múltiples sistemas culturales” (7). En este sistema-mundo se dan un conjunto de relaciones de poder tales que “la fuerza de la maquinaria estatal en los países del centro depende de la debilidad de otras maquinarias estatales. De ahí que los Estados periféricos se vean sometidos ineluctablemente a la intervención extranjera mediante los recursos de la guerra, la subversión y la diplomacia” (8).

¿Pero cómo se organizan en concreto los Estados dentro de un sistema-mundo? De acuerdo con Wallerstein “la solución consiste en tener tres tipos de Estados (…) así, además del estrato superior de los países del centro y el estrato inferior de los países periféricos, existe un estrato intermedio de países semiperiféricos. (…) Se podría argumentar que la economía-mundo, como economía, funcionaría igualmente bien sin una semiperiferia. Pero sería mucho menos estable políticamente, porque supondría un sistema-mundo polarizado. La existencia de la tercera categoría significa precisamente que el estrato superior no se enfrenta a la oposición unificada de todos los demás, ya que el estrato intermedio es a un tiempo explotador y explotado” (9).

Volviendo al plano epistémico, nos encontramos con que Wallerstein justifica su planteamiento del modo siguiente: “El argumento en favor del análisis de los sistemas-mundo es muy simple. Las tres presuntas áreas de actividad colectiva humana -la económica, la política y la social o sociocultural- no son áreas autónomas de actividad social. No tiene ´lógicas´ separadas. (…) Mantengo, pues, que existe un solo ´conjunto de reglas´ o un solo ´conjunto de constricciones´ dentro del cual funcionan esas distintas estructuras” (10). Luego de eso, pasa a analizar la controversia entre el enfoque nometético (que enfatiza lo general) y el idiográfico (que enfatiza lo particular) en ciencias sociales. Frente a ello básicamente plantea que hay que “mantener con firmeza el timón” para no caer en ninguno de los dos extremos: “Dado que cualquier explicación se remite en último término a una ley general, aunque sea implícita y aunque se niegue en concreto, resulta tentador hacer tan generales y simples como sea posible las leyes que utilizamos. Ahora bien, por esa generalización se paga obviamente un precio. Cuanto más generales, cuanto más diferentes sean las cosas que explican, menos aspectos explicarán de cada cosa. Depende de lo que queramos explicar. Para la mayoría de las cosas, si utilizamos una ley demasiado general, la explicación es insuficiente, y si utilizamos una generalización demasiado estrecha, la explicación es engañosa. Así pues, se debe hacer un juicio pragmático en términos de rentabilidad, algo así como un constante análisis de coste-beneficio, aunque no siempre sea explícito” (11).

Expuesto lo precedente, pasemos a realizar el análisis crítico sobre los planteamientos de Wallerstein. Evidentemente sus reflexiones epistemológicas sobre el método, estatus y problemática de las ciencias sociales resultan muy pertinentes e interesantes. Más bien aquí nos centraremos en cuestionar en específico su teoría sobre el sistema-mundo.

Comencemos por el problema de la demarcación. ¿Cómo determinamos si algo está dentro o no de un sistema- mundo? Wallerstein no da una respuesta clara a esto. Tanto la “exterioridad” como la “interioridad” de los sistema-mundo de que se habla resultan bastante artificiales y ad-hoc en gran medida. Esto lleva a la ambigüedad conceptual. Evidencia de esto es que Wallerstein tiende a confundir en sus análisis históricos a los que él llama “sistemas-mundo capitalistas” con lo que en realidad son países económicamente diversos que simplemente se encuentran interrelacionados con un centro capitalista. Así que hablar sin más de “sistemas-mundo capitalistas” entre el siglo XVI y mediados del siglo XIX deviene, cuanto menos, en inexacto (12).

De otro lado, nos encontramos con que Wallerstein cae en una clara falacia non-sequitur cuando busca justificar su teoría del sistema-mundo en base a que la economía, política y sociedad “no son áreas autónomas de actividad social” y no tienen “lógicas separadas”. Se trata de un non-sequitur porque si bien es cierto ese punto de partida (el carácter holístico) de allí no se infiere necesariamente que el fenómeno social se estructure en términos de “sistema-mundo”. El pretenderlo es tanto como cuando un marxista pretende justificar la teoría de la lucha de clases apelando a que en nuestras sociedades vemos relaciones sociales de poder que implican dominación. No basta con eso porque todavía hay que demostrar que estas relaciones se estructuran necesariamente conforme a la “lucha de clases” y no conforme a cualquier otro esquema. O sea, es posible aceptar las perspectivas epistemológicas de Wallerstein sin tener por ello que acoger sin más su modelo teórico propuesto.

Otra crítica que se puede hacer a Wallerstein es que da demasiado énfasis al papel de la división del trabajo como elemento unificador y definitorio de los “sistemas-mundo” dejando de lado el problema de la diversidad política y socio-cultural. Eso lleva a Wallerstein a afirmar que hoy en día tenemos un solo sistema-mundo. No obstante, hay autores que atienden un poco más a los otros aspectos (políticos, culturales e incluso religiosos) y plantean que hoy en día tenemos más bien un mundo multipolar. Tal vez el ejemplo más representativo de esto sea Samuel Huntington su famosa teoría sobre el “choque de civilizaciones” (13).

Asimismo, nos encontramos con que si bien los teóricos del sistema-mundo rechazan enfáticamente el tomar a los Estado-naciones como unidades básicas de análisis, terminan cayendo en ello en la práctica cuando, para explicar, constantemente utilizan el esquema de Estado-naciones, solo que clasificándolos como “centros”, “periféricos” o “semi-periféricos”. Y allí incluso la noción de “países semiperiféricos” puede utilizarse como “comodín epistemológico” para meter de todas formas en el esquema a países que no necesariamente se adecúan a éste, lo cual pone en cuestión la falsabilidad misma de gran parte de la teoría. Y ello, como ya ha señalado contundentemente Popper (14), es un defecto y no una virtud científica.

Referencias:

1. Immanuel Wallerstein, “Orígenes históricos del análisis de sistemas-mundo”, Análisis de Sistemas-Mundo, Ed. Siglo XXI, 2005.

2. Immanuel Wallerstein, “Orígenes históricos del análisis de sistemas-mundo”, Análisis de Sistemas-Mundo, op. cit.

3. Immanuel Wallerstein, “El sistema-mundo moderno como economía-mundo capitalista”, Ibídem.

4. Immanuel Wallerstein, “El surgimiento de los sistemas estatales”, Ibíd.

5. Immanuel Wallerstein, “La creación de una geocultura”, Análisis de Sistemas-Mundo, Ibíd.

6. Immanuel Wallerstein, Capitalismo Histórico y Movimientos Anti-Sistémicos, Ed. Akal, Madrid, 2004, p. 88.

7. Immanuel Wallerstein, Capitalismo Histórico y Movimientos Anti-Sistémicos, op. cit., p. 89.

8. Immanuel Wallerstein, Ibídem, p. 103.

9. Immanuel Wallerstein, Ibíd., pp. 104-105.

10. Immanuel Wallerstein, Ibíd., p. 138.

11. Immanuel Wallerstein, Ibíd., p. 154.

12. Cfr. Peter Worsley, “One world or three?: A critique of the world-system theory of Immanuel Wallerstein”, Socialist Register, vol. 17, 1980, p. 300.

13. Véase: Samuel Huntington, El Choque de Civilizaciones y la Reconfiguración del Orden Mundial, Ed. Paidós, Barcelona, 1997.

14. Véase: Karl Popper, La Lógica de la Investigación Científica, Ed. Tecnos, Madrid, 1980.

Dante A. Urbina

Dante A. Urbina

Autor, conferencista y docente especializado en temas de economía, filosofía y teología. Seleccionado entre los mejores jóvenes investigadores del mundo para participar en la Reunión de Premios Nobel de Economía en Lindau (Alemania). Todos sus libros han estado en entre los más vendidos de su categoría en Amazon.
Dante A. Urbina

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